Síntesis y esfuerzo en el aula

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La síntesis y la relación entre los conceptos

 

El tercero de los objetivos para llevar bien un auditorio escolar es promover que los estudiantes aprendan a relacionar los conocimientos adquiridos, algo que permite alcanzar criterios elevados y potenciar su inteligencia lógica y deductiva. Averiguar dónde se halla la mentira o falsedad requiere poseer muchos conocimientos contrastados, que bien ordenados, permitan ver el agujero donde unos dicen que hay un parche.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista @DAVIDRABADA

Dicen que Jesucristo predicaba que el saber os hará libres, y ciertamente la vida son situaciones y decisiones donde aplicar el saber. Sin conocimientos estructurados en criterios elevados, las decisiones que se tomen pueden llevarnos a flagrantes errores alejadas de los sabios caminos. Se asiste a clase para aprender a ser adulto y con ello a tomar las decisiones futuras más correctas. Y el problema de ser adulto es que debes serlo cuando menos te lo esperas.

Se asiste a clase para aprender a ser adulto y con ello a tomar las decisiones futuras más correctas. Y el problema de ser adulto es que debes serlo cuando menos te lo esperas

Cabe pues insistir entre los alumnos sobre la síntesis y relación de conceptos. Ello no es sólo para tomar decisiones sino para estructurar mejor los apuntes, trabajos de curso y respuestas ante la vida. En un centro de Sant Feliu de Llobregat impartía Ciencias para el Mundo Contemporáneo. Allí, y cada semana, retaba a mis bachilleres con una pregunta enigmática que requería de una correcta relación y síntesis entre varios conceptos. Preguntas como ¿qué hay más allá del polo norte? ¿qué fue antes el huevo o la gallina? O ¿qué hay hacer antes de aprender a aprender?, escondían todo un corolario de piezas que sin tenerlas en cuenta la respuesta se hacía huidiza pero el debate entretenido.

Imagen de Raimund Feher en Pixabay

La respuesta estaba en el arte de pensar, en la filosofía. Primero se debía recordar que era una tautología o pensamiento circular, después que la ciencia está llena de preguntas incorrectas ante un pez que se muerde la cola, y finalmente que hay que alejarse del árbol para ver el bosque. La solución residía en plantear una pregunta mejor y de mayor amplitud. Por ejemplo huevo y gallina son la misma especie, no existe el uno sin el otro por más vueltas que se le dé, por tanto hay que preguntarse quienes fueron los primeros vertebrados en reproducirse por huevos. Eso sí tenía respuesta, los primeros ovíparos de hace más de 600 millones de años. En el caso qué hay más allá del norte es el sur pero, y más allá de éste, otra vez el norte, por tanto había que alejarse del árbol y ver otra vez el bosque planteando una nueva pregunta de mayor calado, ¿por qué norte y sur se enlazaban cíclicamente? Pues que son lo mismo, la misma tierra que se asemeja a una esfera. Y finalmente en el caso qué hay hacer antes de aprender a aprender, que nuevamente es lo mismo, sería nuevamente aprender como aprender, algo que nos lleva al absurdo del infinito de aprenderes antes de otros aprenderes, ¿y cómo aprender? Pues todavía no se ha inventado un mejor método que simplemente atender, trabajar los ejercicios y luego reiterar lo aprendido.

¿Y cómo aprender? Pues todavía no se ha inventado un mejor método que simplemente atender, trabajar los ejercicios y luego reiterar lo aprendido

En resumen, y en cualquier tautología, existen dos conceptos que son lo mismo y que nos arrastran a un absurdo círculo vicioso. Huevo y gallina son la misma especie, sur y norte definen la vuelta a la misma Tierra y aprender a aprender es la más evidente igualdad para cualquier humano sensato. Si les parece poco, les cuento otro de mis chascarrillos. Impartiendo Biología retaba a mis alumnos ante otra tautología, otro pez que se muerde la cola. En la teoría de Darwin se dice que el más apto sobrevive y claro está, el que sobrevive es el más apto, otro pensamiento circular. No veas la de vueltas que le daban algunos alumnos. La solución era darse cuenta que más apto y sobrevivir son lo mismo pero que su causa antecedente es quien se reproduce mejor. Es decir aquellos individuos que logran dejar más descendencia sobreviven en mayor número y los pensamos como los más aptos, que no las más fuertes. En definitiva había que abandonar el dueto apto supervivencia al ser lo mismo y hablar de los organismos que mejor o peor se reproducen.

En todas las tautologías anteriores la red de conceptos empleada hace trabajar las neuronas que da gusto, hasta puede que regale algún dolor de cabeza. En fin, que un aula bien llevada debe ser un gran laboratorio de ideas bajo la batuta de otro de los factores que los aglutina, el esfuerzo.

 

Un dinosaurio llamado esfuerzo

El cuarto y último de los objetivos para llevar con éxito un aula es promover el esfuerzo personal entre los alumnos. El esmero está detrás de ese objetivo ya que sin él no se puede superar una limitación. Para ello los educadores deben ser absolutamente coherentes, firmes y justos. Decía Chesterton que no puede existir la educación libre, porqué si dejáis a un niño libre no le educaréis. Con libertad plena dudo mucho que todo el mundo decidiera trabajar ocho horas cada día o llegar puntual a su lugar laboral sin abandonarse un buen rato en ese placentero momento del sueño matinal. El esfuerzo no nace de la libertad del individuo, se potencia con la obligación aprendida desde pequeño.

En las facultades de pedagogía, y en muchas de magisterio, se ha implantado el modelo de libertad para adoctrinar a los nuevos docentes en la anticuada pedagogía teórica

Las pedagogías teóricas pregonan la libertad del alumno ante las materias a elegir, ante el uso de Internet y ante sus deseos básicos, es decir dan prioridad a la libertad del estudiante de hacer lo que le plazca sin exigirle mucho esfuerzo. Así en las facultades de pedagogía, y en muchas de magisterio, se ha implantado el modelo de libertad para adoctrinar a los nuevos docentes en la anticuada pedagogía teórica. Se insiste así que es el profesor quien, sin necesidad de dominar su disciplina, debe provocar el interés del alumno más que promover su esfuerzo. Hombre, a la práctica hay que hacer ambas cosas, incentivar y presionar. Pero esta salmodia del no esfuerzo consigue muchos convertidos en una malentendida pedagogía. Prueba de ello es que estos fieles proponen ser críticos con los docentes pero no con la pedagogía teórica, es decir, consigo mismos. Y cuando se les expone que su ideología ha conllevado la caída en picado de los resultados académicos en Estados Unidos y Canadá por los sesenta, en Suecia y Francia por los ochenta, y sobretodo en nuestro país a partir de los noventa, dan la culpa a los docentes, a la falta de recursos o a la sociedad en su conjunto, y eso desde el aula duele.

De hecho la pedagogía teórica siempre ha argumentado lo mismo, que es la sociedad la que ha cambiado y que por ello hay más fracaso escolar

De hecho la pedagogía teórica siempre ha argumentado lo mismo, que es la sociedad la que ha cambiado y que por ello hay más fracaso escolar pero, ¿cómo se explica que ello sólo suceda justamente en los países en donde se aplicaron estas pedagogías? O peor aún, ¿cómo se entiende que en Baviera se den los mejores resultados académicos alemanes si este länder se negó a aplicar la pedagogía teórica? Si hay deterioro en las familias debemos mejorar la educación para minimizar los efectos negativos de éstas, ¿o quizás éstas teorías fueron las que empeoraron la sociedad? Por desgracia muy pocas políticas educativas se han cuestionado que sea la pedagogía teórica la causante de tal desmejora. Mis alumnos y yo lo vivimos en las aulas y lo sufrimos en las clases. Pero los pedagogos defensores de la misma se escudan afirmando que son científicos de la educación. Y aquí es cuando me apeo y me pregunto lo siguiente, ¿es la pedagogía una ciencia? A ello iremos en el próximo capítulo.

Este artículo forma parte de una serie titulada “Fracaso escolar o fracaso político“, a cargo de nuestro colaborador, David Rabadà.

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