Sobre PISA y sus resultados

En España sin ir más lejos, ha habido en ocasiones ciertos criterios selectivos a la hora de elegir, entre el universo de alumnos, a los grupos que se iban a presentar / Imagen: Aula Planeta

En el país de los ciegos, el tuerto es el rey

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Por más cuestionables que puedan ser los criterios que se utilizan para establecer las pruebas PISA, y por más que también, como acertadamente afirma José Manuel Lacasa –véanse sendas entrevistas publicadas en Catalunya Vanguardista (El lado oscuro del informe PISA y La educación a la luz de los datos)-, en la OCDE prime el antiintlectualismo, no cabe la menor duda de que los informes PISA son un auténtico grano en salva sea la parte de nuestros gurús educativos y de los políticos que los aúpan. Bienvenidos sean pues, aunque sólo fuera por esto.

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Xavier Massó / Catalunya Vanguardista

Xavier Massó_editedEfectivamente, en la OCDE, en PISA, han convergido –como en el mundo educativo en general- la izquierda pedagogista y la derecha economicista, ambas recalcitrantemente antiintelectualistas. La consecuencia de tan insólita afinidad electiva ha sido un discurso hegemónico educativo de efectos devastadores. Aun así, el hecho de que los resultados sean públicos y se puedan contrastar, es positivo. Guste o no, las pruebas PISA son, al fin y al cabo, un examen externo que sitúa a cada uno en el lugar que ocupa en relación a idénticas variables. Y al igual que se comparan los PIB’s o las redes viarias ¿Por qué no se iban a comparar los sistemas educativos? Y como la altura de las intenciones se antoja difícilmente cuantificable, parece razonable hacerlo comparando los resultados. Por más que enoje a tantos.

Globalmente, España mejora ligeramente en PISA 2015 y se sitúa en la media de la OCDE, lo cual no es ciertamente como para tirar cohetes, pero es que, además, dicha mejora requiere de algunos «matices» sobre sus posibles lecturas en la interpretación de ciertos datos –véase, por ejemplo, este resumen publicado en El País-, que puede llevar a confusión al lector medio no avezado en los procelosos océanos de las cocinas metaestadísticas.

Globalmente, España mejora ligeramente en PISA 2015 y se sitúa en la media de la OCDE, lo cual no es ciertamente como para tirar cohetes

Así, cuando se nos dice que España obtiene en ciencias una puntuación global de 493 y un +2 de tasa media de evolución (entre informes y puntos obtenidos en 2015), uno puede inferir que la puntuación anterior fue 491, o incluso que hemos ascendido dos puestos en el ranking. Y no refiere ni a lo uno ni a lo otro. Es decir, no es una magnitud lineal,  sino «cocina». Y aun sin cuestionar los condimentos del guiso, merece la pena reparar en ello, porque al lector medio –no digamos ya al anumérico- puede llevarle a confusión.

Así, en ciencia, España obtiene un 493, con una tasa media de evolución de +2, situándose exactamente en la media de la OCDE (493), cuya tasa media de evolución es de -1. Ahora bien, la puntuación española obtenida en PISA 2012 en ciencias fue 496, frente a una media OCDE de 501. Al menos según el cuento de la vieja, España ha bajado 3 puntos en relación a sus resultados del 2012, y la media OCDE, 8.

En Lectura, España obtiene 496 puntos y una tasa media de evolución de +7. La media OCDE, por su parte, 493 y -1, respectivamente. En el 2012 obtuvo un 488, frente a una media OCDE de 496. Siguiendo con el cuento de la vieja, habríamos subido 8 puntos, mientras que la media OCDE habría bajado en 3.

En matemáticas,  la puntuación española de 2015 ha sido de 486, con una tasa media de +1, con una media OCDE de 490 y una tasa de -1 (de una pertinaz constancia, por cierto). A su vez, los resultados españoles en 2012 fueron 484, y la media de la OCDE 494. Según la vieja, o el buen cubero, habríamos subido 2, mientras que la OCDE habría bajado 4.

Por supuesto que aquí no se pretende cuestionar nada. Pero también es verdad que si, por ejemplo, la media de la OCDE baja en 30 puntos y la de un país sólo 10, su posición relativa mejora. Para entendernos, siendo el movimiento un cambio de posición en relación a un sistema de referencia, si dicho sistema de referencia acelera más que yo, diré que mi velocidad se ha reducido; y si desacelera más que yo, entonces diré que mi velocidad aumenta, aunque yo también esté desacelerando. Pero esto no quita que, si en dos exámenes he obtenido un 6 y un 5, haya bajado linealmente un punto, aunque a lo mejor mi posición relativa haya mejorado; basta con que los demás hayan bajado globalmente más que yo. La vieja diría sin duda que en el país de los ciegos, el tuerto es el rey, aunque años atrás el mismo tuerto de ahora tuviera dos ojos…

Si, por ejemplo, la media de la OCDE baja en 30 puntos y la de un país sólo 10, su posición relativa mejora

Dicho esto, la verdad es que tampoco hay tanta diferencia entre el cuento de la vieja y el producto cocinado. Estamos hablando de unos pocos puntitos, lineales o relativos, en fin, de los cuales, globalmente, creo que podrían inferirse las siguientes (y elementales) conclusiones.

Primera. No parece que haya, con respecto a 2012, variaciones substanciales que marquen, ni confirmen, ninguna tendencia en lo que a España concierne. Es decir, que seguimos estancados en una endémica y plúmbea mediocridad.

Segunda. Sí parece haber, en cambio, una sostenida tendencia decreciente de la media PISA. En ciencias, de 501 a 493; en matemáticas, de 494 a 490, y en lectura, de 496 a 493. Al menos si tenemos en cuenta que con respecto al 2009, se comportaban más establemente.

Tercera. Por más que los contenidos de las pruebas PISA respondan a parámetros debidamente fijados y contrastados, siempre hay, en toda prueba o examen –llámesele como se quiera-, elementos irreductibles que escapan a cualquier control. Simplemente, puede haber pruebas más fáciles o difíciles que otras. Y esto, a su vez, puede depender de factores de lo más aleatorios. Por esto, pequeños incrementos o decrementos, a escalas tan amplias, se antojan en realidad irrelevantes, al menos si no hay una tendencia clara que sólo se puede determinar contrastando los resultados de sucesivas pruebas (esto es precisamente la tasa media de evolución).

Cuarto. En algunos casos, y para justificar unos resultados más que discretos, se ha dicho que ciertos países, los que obtienen «nota», preparan específicamente a sus alumnos para estas pruebas. Bueno, la verdad es que no parece que sea así, pero es que aunque lo fuera en parte, y más allá de los sarpullidos que levanta entre ciertos sectores la simple idea de estudiar para un examen, lo cierto es que no parece tan descabellado preparárselo, sobre todo si te vas de presentar. A la inversa, sí parece que, en España sin ir más lejos, ha habido en ocasiones ciertos criterios selectivos a la hora de elegir, entre el universo de alumnos, a los grupos que se iban a presentar. O al menos, eso se dice. A mí me lo comentaron de muy buena tinta en cierta ocasión, hace ya tiempo.

Y para concluir, los números del podio de honor –oro, plata, bronce-, como en las competiciones deportivas, en estas pruebas PISA 2015, comparadas con las de España.

Ciencias (España: 493; Media OCDE: 493):

1.- Singapur: 556.

2.- Japón: 538.

3.- Estonia: 534.


Lectura
(España: 496; Media OCDE: 493):

1.- Singapur: 535.

2.- Canadá: 527.

3.- Hong Kong: 527.

Matemáticas (España: 486; Media OCDE: 490):

1.- Singapur: 564.

2.- Hong Kong: 548.

3.- Macao: 544.

Puede que sí, que las comparaciones sean odiosas, pero sólo para aquéllos que les resulten humillantes porque, parafraseando a Kant, se empeñan en seguir con su minoría de edad culpable. Y como la zorra de la fábula de Esopo, dice de las uvas que no alcanza: «están verdes».

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