Sorolla. Dibujante sin descanso

Joaquín Sorolla. Pareja preparada para salir, 1911. / Fundación Museo Sorolla

La presente exposición, organizada por el Museo Sorolla y la Fundación Museo Sorolla, muestra más de cien dibujos de Joaquín Sorolla, todos ellos de la colección del Museo Sorolla a excepción de tres, que han sido prestados por la Universidad Complutense de Madrid y que se exhiben al público por primera vez.

 

Museo Sorolla

Joaquín Sorolla ha sido considerado siempre un pintor de la luz y el color. La
exuberancia de su paleta, la rapidez con la que ejecutaba sus cuadros para
poder fijar el instante fugaz y esa capacidad para captar la luz, subyugaron ya
al público de su tiempo, como también ahora al del nuestro. Sin embargo, esa frescura
en su pintura no es tan espontánea como parece. Detrás de ella hay un trabajo disciplinado y constante, multitud de ensayos, periodos de aprendizaje y preparación antes de acometer un gran cuadro.

Tenemos constancia de más de 8.000 dibujos realizados por Sorolla, 5.000 de los cuales se conservan en el Museo Sorolla

Los numerosos dibujos que se conservan de su mano son la mejor prueba de ello: tenemos constancia de más de 8.000 dibujos realizados por Sorolla, 5.000 de los cuales se conservan en el Museo Sorolla.

Estas cifras son la evidencia del carácter infatigable de Sorolla y nos hablan de su faceta de dibujante prolífico, un “dibujante sin descanso” durante toda su carrera. Sin embargo esta faceta es aún un tanto desconocida. Son contadas las ocasiones en las que Sorolla envió dibujos a sus exposiciones, apenas regaló algunos a personas cercanas, y a diferencia de sus notas de color, no solía colgarlos en su estudio para mostrarlos a sus clientes.

Joaquín Sorolla. Comiendo uvas, 1898: acuarela de un niño con gran sombrero de paja comiendo uvas /  Museo Sorolla

Y aunque en los últimos años la obra gráfica del artista se ha ido dejando ver con más frecuencia en diversas exposiciones, la fragilidad de los materiales de dibujo y la enorme sensibilidad del papel ante la luz hacen que su exposición sea tremendamente delicada y por tanto excepcional.

La selección, sin ser rigurosamente cronológica, permite percibir la evolución que experimenta el trazo del artista, y sin ser exhaustiva, muestra los aspectos que más le preocuparon en el ejercicio del arte. A través de este conjunto pueden verse también los distintos usos que el pintor le dio al dibujo. Y es que Sorolla no sólo utilizó el medio gráfico como paso previo a su obra pictórica, a modo de preparación y exploración para sus grandes lienzos. También usó el dibujo como fin en sí mismo, como puro entretenimiento y, como no, para guardar recuerdo de aquellos a quienes más quería: su familia.

 

La línea en el inicio

La exposición comienza con algunos dibujos realizados por un Sorolla muy joven, que acaba de terminar sus estudios en la Academia de Bellas Artes de San Carlos. En ellos predomina el paisaje tomado directamente del natural, en la línea de lo que venía haciéndose en la escuela levantina.

Su formación académica y su paso por Roma ayudaron a Sorolla a obtener una disciplina estricta en relación al dibujo, mientras que la influencia de sus maestros, el paisajista Gonzalo Salvá, Ignacio Pinazo o Francisco Pradilla entre otros, y la de otros artistas como Mariano Fortuny, Jules Bastien-Lepage o el propio Diego Velázquez, marcaron su modo de hacer y le ayudaron a conformar el ideal hacia el cual dirigirse.

Joaquín Sorolla. Clotilde leyendo, 1888 / Museo Sorolla

Sus propios éxitos y fracasos y sus experiencias vitales le condujeron hacia una nueva forma de acercarse al natural, como se plasma en la evolución temática, técnica y compositiva de sus dibujos. Desde sus dibujos más tempranos el pintor explora con distintas técnicas: lápiz o carboncillo, acuarela, tinta o gouache. Técnicas que utilizará ya, en mayor o menor medida, durante toda su carrera.

Se muestra también en esta sección una selección de cuadernillos de dibujo que aún hoy se conservan completos y encuadernados. Sorolla solía llevar siempre uno consigo para dar rienda suelta a ese natural impulso de dibujar todo aquello que veía. Son reflejo de ese carácter observador del pintor y de su espíritu incansable en lo que a la plasmación de lo natural se refiere.

 

Dibujo, familia, hogar

De la familia del pintor se conservan numerosos dibujos en los que vemos a su mujer, Clotilde, o a sus hijos, María, Joaquín y Elena, solos o en escenas de intimidad dentro de su hogar, mientras realizan tareas cotidianas como coser, estudiar, leer o jugar.

Joaquín Sorolla. María tumbada / Museo Sorolla

Estos dibujos son de los más bellos del pintor, porque plasman la vida cotidiana mejor que lo harían las fotografías, y además nos presentan a la familia de Sorolla a través de sus ojos. Son puro entretenimiento, y en muy pocas ocasiones serán estudio para una obra posterior.

Las salas donde hoy se exponen fueron en su día las habitaciones privadas de Sorolla y su familia. Este ámbito íntimo es el que el pintor reservó para sus dibujos, como puede verse a través de varias fotografías de la casa que se conservan en el Museo. Algunos de esos dibujos eran estudios de gran formato para lienzos y están presentes en esta muestra. Pero en su mayoría eran pequeños apuntes de su mujer y sus hijos, que el pintor ordenó en marcos. Dos de ellos se han reconstruido para esta exposición, para dejar que revelen por sí mismos la importancia que estas “instantáneas familiares” tenían para el artista.

 

Grandes obras, grandes dibujos

En esta sección se muestran algunos de los dibujos preparatorios más espectaculares de Sorolla. Su contemplación y análisis ponen de manifiesto cuánta premeditación, cuánto estudio y trabajo hay detrás de sus lienzos. El pintor utilizó constantemente el dibujo a lo largo de toda su carrera para estudiar composiciones, entrenar la mano y el ojo, para, en definitiva, ir a la búsqueda del cuadro.

Joaquín Sorolla. Hombre y mujer en un sofá,1911. / Fundación Museo Sorolla

De estos dibujos previos destacan los grandes estudios de figuras individuales para escenas cuya composición completa analizará en cambio en pequeños dibujos de la totalidad. También se muestran, por vez primera, dos dibujos previos para sendos retratos del rey Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia, que destacan por sus grandes dimensiones, con más de dos metros de alto

Esta selección de dibujos preparatorios, realizados sobre papel oscuro de gran formato combinando el carboncillo y clarión, posee cualidades plásticas innegables. Tanto si se trasladaron exactamente al lienzo como si fueron utilizados para ensayar, tienen un doble valor: por sí mismos y por ser una muestra del proceso creativo del artista.

 

La ciudad moderna

Primero su curiosidad, y luego el éxito de su pintura, llevaron a Sorolla a conocer grandes ciudades como París, Londres o Nueva York. La ciudad y la vida moderna, poco reflejadas en sus cuadros, fueron en cambio un motivo muy frecuente en sus dibujos y “notas de color”, en los que dio rienda suelta a su libertad creativa produciendo obras de gran modernidad.

Estatua de Washington, Nueva York, 1911: Vista en picado de una calle de Nueva York / Museo Sorolla

El dibujo como canal de experimentación y disfrute parece alcanzar su máxima expresión en 1911, durante el segundo viaje del pintor a Estados Unidos. De ese viaje se conservan numerosos dibujos realizados en los restaurantes de los hoteles en los que se alojó, como puro entretenimiento mientras esperaba a que le atendieran, aprovechando casi siempre el reverso de las cartas del menú. Son un testimonio del ambiente burgués de la época, con la moda elegante como protagonista.

De este mismo viaje el Museo Sorolla conserva doce vistas de Nueva York, tomadas desde las altas ventanas de la habitación del hotel y pintadas al gouache, que se exhiben todas juntas por primera vez en el Museo. Desde aquel elevado punto de vista consiguió composiciones muy atrevidas, por el vertiginoso picado y por la forma de plasmar el rápido movimiento de la ciudad.

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