Sucesos de Casas Viejas

Fotografía de horas después de finalizar el suceso, con los cuerpos aún en el suelo de personas abatidas / Wikimedia

Tal día como hoy… 11 de enero de 1933 tenían lugar los sucesos de Casas Viejas

 

El 11 de enero de 1933, en el marco de una huelga general convocada por el sindicato anarquista CNT, tenían lugar los sucesos de Casas Viejas en la pequeña población gaditana con este mismo nombre. Se conoce también como la masacre de Casas viejas. El particular encarnizamiento de la represión llevada a cabo produjo con un total de 28 muertos. Una de sus consecuencias fue la caída del gobierno republicano-socialista de Manuel Azaña.

 

CV / Las contradicciones sociales de la España que acababa de inaugurar la II República estaban particularmente agudizadas por el secular atraso económico del país, muy especialmente en las zonas agrarias rurales, sometidas al latifundismo caciquil en el caso de Andalucía, uno de los viveros del anarquismo ibérico. Y España el único país europeo donde el anarquismo, precisamente por la preeminencia de lo agrario, seguía teniendo vigencia como ideología revolucionaria. En el resto de Europa, había quedado como una reliquia.

El 1 de diciembre de 1932, la CNT había convocado una huelga general en apoyo al sindicato de ferroviarios

Para los anarquistas, el advenimiento de la República se había producido sin pena ni gloria, se trataba, según ellos, de una república burguesa con a la que había que combatir igual que se había combatido a la monarquía. El líder anarquista catalán García Oliver -posteriormente ministro de la República durante la guerra-, acuñó el término «gimnasia revolucionaria» para explicitar la estrategia anarquista encaminada a la promoción de acciones insurreccionales que evitaran la consolidación de la república burguesa y llevaran a la destrucción del orden social vigente. Se trataba de aprovechar las huelgas para forzar al Estado -republicano, socialista o lo que fuera- a utilizar su fuerza represora y forzar sus contradicciones, entrenando a la población para la futura revolución. La verdad es que al final lo consiguió, pero en el sentido contrario al que suponemos que pretendía.

El 1 de diciembre de 1932, la CNT había convocado una huelga general en apoyo al sindicato de ferroviarios. Los ferroviarios se echaron luego para atrás y se planteó la desconvocatoria, pero García Oliver vio una oportunidad de ejercer su «gimnasia revolucionaria» y se fijó la convocatoria para el 8 de enero. La huelga fue un fracaso, con un cierto eco en Cataluña, Aragón y Andalucía, y hasta el Comité Nacional de la CNT se desmarcó de ella -frente a la FAI-. Pero en Casas Viejas se produjo la tragedia.

En la provincia de Cádiz se produjeron serios disturbios por parte de los comités anarquistas locales, que no remitieron en los días siguientes, especialmente en las zonas rurales. En Casas Viejas, municipio de unos dos mil habitantes cercano a Medina Sidonia, un grupo de campesinos de la CNT, armados con escopetas de caza y algunas pistolas, cortaron la noche del 10 de diciembre la línea telefónica y rodearon el cuartel de la Guardia Civil -tres números y un sargento-, cayendo un guardia herido y muriendo el sargento en la refriega.

El día 11 llegaron a Casas Viejas varios grupos de guardias civiles y de asalto, que ocuparon el pueblo y comenzaron a buscar a los autores del ataque al cuartel de la Guardia Civil

El día 11 llegaron a Casas Viejas varios grupos de guardias civiles y de asalto, que ocuparon el pueblo y comenzaron a buscar a los autores del ataque al cuartel de la Guardia Civil. Algunos del pueblo acusaron a «Seisdedos», un carbonero de 72 años, a sus dos hijos y a su yerno. Cuando la policía intentó entrar en la casa de «Seisdedos», fue recibida a tiros, muriendo un guardia de asalto en el tiroteo. Finalmente, tras la llegada de otro grupo con ametralladoras al mando del capitán Manuel Rojas, se ordenó incendiar la casa. Un hombre y una mujer que salieron huyendo del fuego fueron acribillados. Dentro de la cabaña se encontraron seis cadáveres más -«Seisdedos» entre ellos-. Solo sobrevivió la nieta de «Seisdedos», apodada «la libertaria». En apariencia, todo había concluido.

Pero el capitán Rojas no había tenido suficiente ración de sangre aquel día, y sin ninguna orden al respecto, decidió actuar por su cuenta, deteniendo a varias personas que fueron llevadas ante la choza calcinada, y allí mismo ametralladas a sangre fría.

Al conocerse los hechos, se produjo  un gran escándalo en España, que puso al gobierno contra las cuerdas, acosado por derecha e izquierda. El capitán Rojas fue juzgado y condenado a 21 años de reclusión. Tras la sublevación facciosa de 1936, fue liberado por los golpistas y reintegrado en el ejército franquista como capitán de artillería. Participó activamente en la represión de Granada.

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