El proyecto ha conseguido demostrar que el sector puede recortar el consumo de agua en más del 40 % sin perjuicio de la calidad de la fruta ni del rendimiento en cultivos sin suelo / Imagen: Wikipedia

Mejorar la situación del sector hortofrutícola de Europa

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Las frutas y hortalizas no solo son buenas para la salud; también constituyen la base de un sector sólido y sostenible de la economía europea. Existen unas diez mil empresas (en torno al 90 % son PYME) dedicadas al procesamiento de frutas y hortalizas y que dan empleo a unas 280 000 personas. Sin embargo, para preservar la competitividad frente a la competencia foránea, es fundamental invertir en tecnologías nuevas capaces de mejorar la calidad y reducir los residuos generados. 

Imagen: Cordis

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Ese es el objetivo del proyecto RESFOOD, financiado con 4,3 millones de euros de fondos europeos y activo desde noviembre de 2012. El proyecto, que se encuentra actualmente en la mitad de su recorrido, ha conseguido demostrar que el sector puede recortar el consumo de agua en más del 40 % sin perjuicio de la calidad de la fruta ni del rendimiento en cultivos sin suelo. Esta innovación concreta se pondrá a prueba durante la próxima campaña de cosecha a cargo de investigadores y productores de moras españoles. 

Este es un ejemplo del tipo de innovación que los responsables del proyecto RESFOOD confían en implantar para que el sector hortofrutícola europeo sea más sostenible. El proyecto, cuya finalización está prevista para octubre de 2015, también impulsará la participación de las PYME como usuarios finales de tecnologías ecológicas. Por este motivo, las PYME han estado muy participativas a lo largo de todo el proyecto en el desarrollo de innovaciones. Por ejemplo, en lo que respecta al tratamiento del agua, los socios del proyecto han cooperado con usuarios finales para implantar nuevas tecnologías de tratamiento. 

El proyecto RESFOOD también ayudará al sector a hacer frente a los retos que se presentan cada vez con mayor frecuencia, como las estrictas normativas sobre emisiones, la escasez de agua causada por el cambio climático, el incremento del precio del agua dulce y las cuestiones de seguridad relacionadas con las frutas y hortalizas frescas. Otras PYME han participado en el desarrollo de nuevas herramientas y métodos de control del desecho de residuos, mientras que los productores y proveedores hortofrutícolas han prestado su colaboración para poner a prueba las nuevas tecnologías. La prioridad se centra ahora en intensificar las medidas para demostrar que los resultados obtenidos en las pruebas piloto pueden reproducirse en condiciones reales del sector y del mercado. 

Un reto importante de la gestión de la cadena de alimentos es qué hacer con la enorme cantidad de alimentos que se desperdician

Lograr un uso eficiente de los recursos en el ámbito de la producción de alimentos no es solo una cuestión de economía. El proyecto RESFOOD tiene también por finalidad generar un beneficio para el medio ambiente a largo plazo. Son numerosos los recursos naturales (minerales, agua, tierra, biomasa, suelo y combustibles) que se usan para cultivar y procesar productos alimentarios, pero en muchos casos su aprovechamiento es extremadamente ineficaz, lo que genera residuos innecesarios y contaminación. Sin lugar a dudas, un reto importante de la gestión de la cadena de alimentos es qué hacer con la enorme cantidad de alimentos que se desperdician. En 2013, la Organización británica de ingenieros mecánicos (Institution of Mechanical Engineers, IME) calculó que la mitad de los alimentos que se producen en el mundo se desperdicia. 

Así pues, el proyecto RESFOOD reúne todos estos aspectos (el medioambiental, el normativo y el económico) para generar un cambio positivo para el conjunto de la cadena de suministro. El desarrollo de tecnologías innovadoras dedicadas a la reutilización de nutrientes, energía, agua y biomasa permitirán ahorrar dinero al sector, mejorar su eficacia y reducir su impacto medioambiental. Por otra parte, los métodos nuevos para mejorar los procesos de desinfección de las hortalizas y realizar un control más eficaz incrementarán aún más la seguridad de los canales de distribución de alimentos en Europa. 

Los socios del proyecto están convencidos de que el uso de agua, energía y nutrientes en el procesamiento de las frutas y hortalizas puede reducirse entre un 30 % y un 75 %, y entre un 20 % y un 30 % en el caso de los fertilizantes, lo que contribuirá a garantizar que Europa siga adoptando prácticas sostenibles.