Terremoto de Lisboa

Epicentro y tiempo de llegada del tsunami / Wikimedia - NOAA's National Geophysical Data Center (NGDC)

Tal día como hoy… 1 de noviembre de 1755 un violento terremoto destruía la ciudad de Lisboa

 

El 1 de noviembre de 1755, entre las 9:30 y las 9:40 de la mañana, hora local, un violento terremoto destruía la ciudad de Lisboa. Poco después, un tsunami inundaba la ciudad y un posterior incendio con lo poco que quedaba de ella. Según las estimaciones actuales, se calcula que pudo ser de intensidad 9 en la escala de Richter.

 

CV / Se calcula que el epicentro debió estar en algún lugar desconocido aproximadamente a unos 300km al oeste de Lisboa. Fue el primer terremoto cuyos efectos fueron estudiados científicamente, estableciendo las bases de la sismología moderna. Se calcula que pudieron morir unas 100.000 personas, de los 275.000 habitantes que tenía la ciudad.

Fue el primer terremoto cuyos efectos fueron estudiados científicamente, estableciendo las bases de la sismología moderna

La ciudad de Lisboa había ya padecido un violento terremoto dos siglos antes, el 26 de enero de 1531, aproximadamente de intensidad 8 según las estimaciones actuales, pero el de 1755 causó un desastre mucho mayor. Especialmente por su duración, entre 4 y 6 seis minutos, en distintas fases, a lo largo de una franja de 10, produciendo grietas de 5m de ancho en el centro de la ciudad y destruyendo la mayoría de los edificios. El testimonio de los supervivientes constata que casi inmediatamente después, el mar empezó a retroceder hasta más allá de la cuenca del mar de la Paja.

Unos 40 minutos después, una serie de tres tsunamis de entre 6 y 20 metros de altura engulleron el puerto y la ciudad, penetrando el agua por el Tajo. En las zonas más altas de la ciudad, que quedaron libres de la inundación, se produjeron incendios que acabaron con lo poco que quedaba en pie tras el terremoto. La rapidez con que se propagó el fuego, más allá del hecho de que la mayoría de casas eran de madera, se debió también la cantidad de velas encendidas que había debido a la fiesta de Todos los Santos. En Marruecos murieron unas 10.000 personas y un pueblo entero desapareció; en Ayamonte (España), junto a la desembocadura del Guadiana, murieron unas 1.000. Mediterráneo adentro, la ciudad de Argel sufrió gravísimos daños… Cerca de la ciudad de Mérida se conserva un puente romano que no salva ningún cauce, debido a que el terremoto desvió varios kilómetros el curso del Guadiana.

Duró entre 4 y 6 seis minutos, en distintas fases, a lo largo de una franja de 10, produciendo grietas de 5m de ancho en el centro de la ciudad y destruyendo la mayoría de los edificios

Cuando se le preguntó al por entonces recién nombrado primer ministro portugués, Sebastiäo José Carvalho de Melo, marqués de Pombal, qué pensaba hacer, respondió con el pragmatismo que caracterizó su posterior gestión: “Cuidar de los vivos y enterrar a los muertos”. No todos fueron enterrados, a la magnitud del desastre, el elevado número de víctimas y la escasez de recursos humanos disponibles, se le añadía el peligro inminente de epidemias. Por ellos muchos fallecidos fueron cargados en barcazas y arrojados al mar. Se movilizó al ejército y se alzaron patíbulos como advertencia contra los saqueos. Unos 50 saqueadores fueron ejecutados. El ejército rodeó la ciudad para evitar que los supervivientes sanos huyeran y se obligó a la población a despejar las ruinas. Las pérdidas materiales también fueron inmensas: Joyas arquitectónicas y artísticas –cuadros de Tiziano, Rubens…-, documentos históricos de valor científico incalculable –los manuscritos de Vasco de Gama y documentos de otros exploradores…-, el teatro de la ópera, iglesias…

Una ciudad de más de un cuarto de millón de habitantes y capital de un inmenso imperio colonial, había quedado reducida prácticamente a la nada

Se dice que ni Lisboa ni Portugal volvieron a ser nunca lo mismo. Una ciudad de más de un cuarto de millón de habitantes y capital de un inmenso imperio colonial, había quedado reducida prácticamente a la nada.

El desastre causó un profundo impacto en toda Europa, y de alguna manera significó el nacimiento de la sismología como disciplina. Kant llevó a cabo un estudio sobre las causas de los terremotos. Otros incluso frivolizaron, como Voltaire en su ‘Cándido’, ironizando sobre la tesis leibniziana del mejor de los mundos posibles –que obviamente no había entendido-, o Rousseau, que lo consideró una venganza de la naturaleza contra la soberbia del progreso y el racionalismo moderno, ya que, siempre según el atrabiliario Rousseau, el desastre no se hubiera producido de haber seguido la gente viviendo en chozas y en contacto con la naturaleza…

Dejar comentario

Deja tu comentario
Pon tu nombre aquí