«[La arqueogenética] permite reevaluar la percepción de nuestra identidad. Damos gran importancia a identificarnos como italianos, británicos, etc., pero si analizamos el ADN descubrimos que en origen, desde el que no ha transcurrido tanto tiempo, todos provenimos de una misma fuente.»

La repoblación de Europa tras la última glaciación

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Hace aproximadamente 19 000 años, el mundo se encontraba sumido en una glaciación por la que grandes extensiones de terreno eran muy frías, secas e inhóspitas.

Gran parte del norte de Europa se encontraba cubierta de hielo, al igual que las zonas septentrionales del actual Reino Unido, mientras que las zonas meridionales de las islas británicas se parecían a un desierto polar. Pero la glaciación llegaría a su fin y, a medida que retrocedió el hielo, Europa empezó a poblarse de nuevo con seres humanos.

Ahora un nuevo estudio en el que han participado científicos de República Checa, Estonia, Italia, Rusia y Reino Unido ha proporcionado unos hallazgos llamativos sobre el proceso de repoblación de Europa al término de la glaciación. Sus descubrimientos se han publicado en la revista American Journal of Human Genetics.

«El fin del Último Máximo Glacial hizo posible que los humanos recolonizasen las zonas de Europa que habían quedado desiertas, en un proceso de expansión que trajo consigo un aumento de la población humana», aseguró la primera firmante del trabajo, la Dra. Maria Pala, originaria de Cerdeña, quien inició la investigación sobre este tema en la Universidad de Pavía (Italia) y posteriormente se trasladó al Reino Unido.

El equipo dirigido por Pala, que trabaja actualmente en la Universidad de Huddersfield (Reino Unido), asegura que Oriente Próximo fue uno de los principales orígenes de la repoblación cuando, hace unos 19 000 años, grandes extensiones europeas volvieron a ser habitables.

Mapa de los cambios de temperaturas superficiales de los océanos y extensión de los hielos durante el Último Máximo Glacial según el proyecto CLIMAP. Imagen: Wikipedia.

El Último Máximo Glacial, o Edad de Hielo, como se le llama más comúnmente, duró unos 7 000 años. Se cree que cuando comenzó, hace cerca de 26 000 años, quedaron dos refugios principales para los humanos: la zona «franco-cantábrica», que abarcaría lo que hoy es el norte de España y el sur de Francia, y una «provincia periglacial» en las llanuras de la actual Ucrania.

Los investigadores analizaron grandes cantidades de ácido desoxirribonucleico (ADN) mitocondrial de europeos pertenecientes a dos grandes linajes (grupos que comparten un mismo ancestro genético) denominados J y T. De este modo, rellenaron muchas de las lagunas existentes en el conocimiento y conformaron una imagen más completa de lo que fueron los europeos primitivos.

Se sabe que estos haplogrupos (grupos que poseen rasgos de ADN similares, como J y T) tuvieron su origen en Oriente Próximo, y hasta ahora se pensaba que emigraron a Europa en el Neolítico, hace unos 9 000 años. Sin embargo, este nuevo trabajo ofrece indicios de que los humanos de los haplogrupos J y T en realidad habrían migrado a Europa mucho antes, en cuanto la Edad de Hielo empezó a tocar a su fin.

Dejando a un lado los retos y descubrimientos de naturaleza puramente científica, Pala opina que la arqueogenética puede proporcionar a la humanidad conocimientos trascendentales: «[La arqueogenética] permite reevaluar la percepción de nuestra identidad. Damos gran importancia a identificarnos como italianos, británicos, etc., pero si analizamos el ADN descubrimos que en origen, desde el que no ha transcurrido tanto tiempo, todos provenimos de una misma fuente.»

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