Tomás de Zumalacárregui

Tomás Zumalacárregui / Wikimedia - Adolphe Jean-Baptiste Bayot

Tal día como hoy… 24 de junio de 1835 fallecía Tomás de Zumalacárregui

 

El 24 de junio de 1835 fallecía en Cegama (Guipúzcoa) el general carlista Tomás de Zumalacárregui, jefe del ejército del norte. La causa que se apunta como más probable de su muerte es la septicemia producida por una herida recibida en la pierna unos días antes en el asedio de Bilbao, pero también se baraja la  hipótesis del envenenamiento.

 

CV / Zumalacárregui es sin duda el jefe carlista más conocido –el otro sería Cabrera, en el Maestrazgo-, y en cierto modo representa el arquetipo de esta pintoresca y violenta facción decimonónica que fue el carlismo. Una guerra dinástica en la época de la Revolución Industrial, todo un símbolo del retraso secular español.

Zumalacárregui es sin duda el jefe carlista más conocido y en cierto modo representa el arquetipo de esta pintoresca y violenta facción decimonónica

Había nacido el 29 de diciembre de 1788 en Ormáiztegui (Guipúzcoa), siendo el penúltimo de los once hermanos de una familia de clase media-alta. Uno de sus hermanos, Miguel Antonio de Zumalacárregui (1773-1846), fue un destacado político liberal, diputado en las Çortes de Cádiz y, como tal, de ideas antagónicas a las suyas. Como tantos otros militares españoles del XIX, su trayectoria comenzó al tomar las armas durante la Guerra de la Independencia (1808-1814). Tomó parte en los dos sitios de Zaragoza, fue hecho prisionero por los franceses y, tras escapar, se enroló en la partida guerrillera guipuzcoana de «El Pastor», un analfabeto que lo tomó como secretario por el hecho de saber leer y escribir. Al finalizar la guerra permaneció en el ejército como capitán, adscribiéndose a las corrientes más absolutistas y reaccionarias. Tomo parte en la represión contra los liberales tras la invasión francesa de los Cien Mil Hijos de San Luis y fue gobernador militar del Ferrol.

Al estallar la I Guerra Carlista, Zumalacárregui era teniente coronel sin mando en Pamplona y se unió a las partidas que se estaban formando en Navarra. En diciembre de 1833 fue nombrado jefe del ejército del norte en Estella. Practicó con éxito las tácticas guerrilleras que conocía, centrándose al principio en asaltar caravanas de suministros, armas y municiones. A lo largo de 1834 consiguió formar unas cuantas partidas y obtuvo algunos sonoros éxitos en emboscadas, que le llevaron a destacar como líder, pero nunca estuvo bien visto entre la camarilla de la corte itinerante del pretendiente.

Se caracterizó por su habilidad y genio tácticos, pero también por su extremada crueldad, tanto con la propia tropa como con los prisioneros enemigos

Sus tropas le llamaban «Tío Tomás», en una muy castrense mezcla de devoción y miedo. Se caracterizó por su habilidad y genio tácticos, pero también por su extremada crueldad, tanto con la propia tropa como con los prisioneros enemigos, como fue el caso de los fusilamientos de Heredia, faltando a la promesa hecha de respetar la vida de 100 soldados cristinos que se habían rendido con esta condición. A finales de 1834 fue severamente derrotado en Mendaza y estuvo a punto de ser capturado en la primera batalla de Arquijas. Se retiró a las montañas y se dedicó a organizar un verdadero ejército.

El año 1835 fue el de sus grandes éxitos. Entre marzo y abril obtuvo una serie de victorias gracias a rápidas y sucesivas acciones que obligaron al ejército liberal a retirarse al sur del Ebro y al este del Arga. Llegó a controlar todas las zonas rurales del País Vasco y Navarra, quedando solo fuera de su alcance las guarniciones de las capitales –San Sebastián, Bilbao, Vitoria y Pamplona- el ejército liberal se vio obligado a retirarse al sur del Ebro y al este del Arga.

Envalentonada por estos éxitos, la corte carlista creyó llegado el momento de conquistar alguna ciudad importante que le permitiera obtener fondos y el reconocimiento internacional. Zumalacárregui era partidario de atacar Vitoria, pero el estado mayor carlista se inclinó por Bilbao, que era la Babilonia local de los lugareños por su condición de liberal y urbana, frente a la ideología absolutista y rural carlista. Zumalacárregui sabía que lo tenía prácticamente imposible en Bilbao, entre otras poderosas razones porque Gran Bretaña desplazó tres buques de guerra a la ría, dando a entender que no iba a permitir su caída, pero obedeció los órdenes. Venció a Espartero y se abrió paso hacia la capital vizcaína, poniéndole sitio el 10 de junio. El 15 de junio, mientras inspeccionaba las murallas bilbaínas desde el balcón de un palacio cercano, fue herido en una pierna.

El 15 de junio, mientras inspeccionaba las murallas bilbaínas desde el balcón de un palacio cercano, fue herido en una pierna

La herida no revestía especial importancia, pero Zumalacárregui se negó a ser tratado por médicos y fue trasladado en un sillón a hombros de sus voluntarios hasta Cegama, a 60 km de Bilbao, en casa de su hermana, donde fue «tratado» por una curandera de su confianza, con el conocido desenlace que marca la efeméride de hoy. Fue sepultado al día siguiente vestido de frac –a falta de uniforme militar-. El pretendiente Don Carlos declinó asistir al funeral. Algunos incluso afirman que se alegró al conocer la noticia de su muerte.

Esta actitud ciertamente de ninguneo, así como la escasa importancia de la herida recibida, han suscitado especulaciones sobre un posible envenenamiento, que nunca se han podido probar.

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