Tomás Moro

Retrato de Tomás Moro pintado por Pedro Pablo Rubens / Flickr

Tal día como hoy… 6 de julio de 1532 era ejecutado Tomás Moro

.

El 6 de julio de 1532 era ejecutado en la Torre de Londres Tomás Moro, excanciller del reino de Inglaterra, por orden del rey Enrique VIII, el mismo que lo había nombrado primer ministro años antes. Ha pasado a la historia como ejemplo de coherencia moral, anteponiendo sus principios a los dictados de un monarca caprichoso y absoluto, pero acaso más astuto.

.

CV/ Entre los pensadores renacentistas, destacan con nombre propio personajes como Erasmo de Rotterdam, Luis Vives y Tomás Moro. En el caso de este último, combinó su humanismo con la dedicación a la política. Polemizó con Lutero contra el protestantismo, cultivó el ensayo y defendió la monarquía absoluta que acabó constándole la vida cuando chocó con sus propias convicciones. Su mejor obra, y la más conocida, es ‘Utopía’, un título que acabó acuñando un concepto.

Su mejor obra, y la más conocida, es ‘Utopía’, un título que acabó acuñando un concepto

Su soberano, Enrique VIII de Inglaterra, había sido un adalid del catolicismo romano hasta que decidió anular su matrimonio con Catalina de Aragón para desposar a una de sus damas de compañía, Ana Bolena. No era un caso tan raro. La lista de reyes y notables que consiguieron la anulación matrimonial con los más peregrinos pretextos es suficientemente profusa como para no llamarse a engaño. Toda vez, claro, que el personaje que solicitaba la anulación fuera –o sea- suficientemente notorio y pudiente. Y el rey de Inglaterra lo era. Pero el Papa se negó.

Confluyeron toda una serie de circunstancias que convirtieron lo que, bajo otras, no hubiera pasado de mera anécdota, en un acontecimiento de consecuencias históricas determinantes. En la Europa germánica medraba la reforma protestante encabezada por Lutero –y por Calvino, Zwinglio etc…-, que al cabo privó a la Iglesia católica de la mitad de su parroquia. El personaje más poderoso del momento, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Carlos V, la combatía con todas sus fuerzas. Y daba la casualidad que la esposa de Enrique VIII de Inglaterra era su tía carnal. La anulación matrimonial podía considerarse una afrenta desde los parámetros de la época.

Mucho más prosaicamente, si Inglaterra, casi recién salida de la guerra civil de las Dos Rosas, optaba por independizarse de Roma y darles pábulo a las herejías protestantes continentales, se situaba en una cómoda posición que casi cabría definir como de laboratorio. Nunca se podrá saber si el desafío de Enrique VIII obedeció a un cálculo político o a la testosterona. Pero al menos en sus consecuencias, parece más bien un cálculo político. Máxime si recordamos el destino de Ana Bolena pocos años después.

Fue encarcelado en la Torre de Londres tras negarse a reconocer al rey como cabeza suprema de la Iglesia de Inglaterra. Poco después, fue condenado a muerte y decapitado

Y algo de cálculo debió haber, al menos en la medida que Enrique VIII no se apuntó sin más al luteranismo, sino que lo adaptó estructurándolo bajo lo que, en principio, era lo que más odiaban los luteranos: una estructura eclesiástica. Fue el invento del anglicanismo. La misma estructura eclesiástica, pero con una salvedad nada anecdótica, la cabeza de la Iglesia no sería el Papa, sino el rey. Es decir, una iglesia nacional. Los dogmas religiosos, ciertamente, fueron lo de menos.

Quizás Tomás Moro vio la jugada, sobre todo porque él mismo había colaborado en pergeñarla como Lord Canciller, aunque sin llegar a los extremos que llegó su «jefe». Y se opuso. Pero las monarquías absolutas que se estaban construyendo en la época toleraban muy mal las disidencias. El filósofo y político fue encarcelado en la Torre de Londres tras negarse a reconocer al rey como cabeza suprema de la Iglesia de Inglaterra. Poco después, fue condenado a muerte y decapitado. En cierto modo, lo de Tomás Moro sería una nueva versión de la clásica Antígona. No le negó nunca vasallaje a su rey, pero no lo reconoció como jefe religioso. Para él, la separación entre el poder temporal y el espiritual eran algo natural. Quizás en esto seguía siendo un medieval.

Tomás Moro fue canonizado por la Iglesia católica en 1935 – exactamente 400 años después de su muerte.

.

.

Dejar comentario

Deja tu comentario
Pon tu nombre aquí