Transmisión de conocimientos o política educativa

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Antes de llegar a los diferentes perfiles de profesores y padres, y una vez vista la educación, las clases y los distintos tipos de alumnos, deberíamos deambular entre la didáctica, la pedagogía y la política. Éstas devienen totalmente contradictorias en cuanto a llevar lo que se sabe a las mentes de nuestros escolares.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista @DAVIDRABADA

Las materias

Dicho todo lo anterior nos podemos preguntar ¿y ahora qué les enseñamos a nuestros alumnos?, ¿más habilidades que conocimientos? En cierta forma es la pugna entre competencias e instrucción. Las especialidades básicas y necesarias para que un adolescente pueda elegir con cabeza y criterio devienen fundamentales desde la Ilustración. En ello el alumno deberá escoger entre humanidades, ciencias, formación profesional, mundo laboral u otras. Algunos expertos teóricos, reacios al pensamiento empírico, afirman que gran parte de las ciencias y humanidades no les han servido para nada a los alumnos, que mejor reducir los contenidos en pro de la educación emocional. De hecho en más de una ley lo han afirmado.

Yo como geólogo he visto reducirse el contenido de esta ciencia en cada reforma educativa. Otros docentes añadirán que las humanidades clásicas se han visto reducidas, ¿o acaso no pensamos como los griegos nos enseñaron? Por desgracia, y si no se enseñaran ampliamente las ciencias y las humanidades, no daríamos la opción a muchos estudiantes de poder devenir científicos o pensadores, y no va a ser todo el mundo pedagogo. Por tanto lo que se enseña, si es la verdad contrastada, sirve para luego elegir. Y es cierto que los alumnos olvidan muchas cosas pero también recuerdan muchas otras. Y ese no es criterio para que un cambio de gobierno sacuda algunas horas y las quite en favor de otras disciplinas.

Lo básico a enseñar es muy evidente: lenguas, matemáticas, geología, biología, física, química, historia, ética, geografía, plástica, arte y educación física

Lo básico a enseñar es muy evidente: lenguas, matemáticas, geología, biología, física, química, historia, ética, geografía, plástica, arte y educación física. Dicen los expertos que muchos púberes hallan aburridas muchas de estas especialidades y las encuentran distantes a su mundo, pero si nos las conocen, jamás podrán elegir. Eso debe dar una idea a los educadores para disuadir a los estudiantes de tal percepción. Es más, sus hijos también deben aprender desde la familia la proximidad y la relación de las diversas materias con el entorno que les rodea. De hecho, la educación pretende impartir eso mismo, los conocimientos que necesitarán estos púberes para pertenecer al mundo de los adultos para independizarse de sus padres. Es decir, que la escuela es un puente entre los estudiantes y el marco real que les espera. Por tanto un acercamiento de los temarios hasta su adolescencia les puede motivar más que la obligación de estudiarlos, pero no obviarlos. En fin, y en lo posible, los estudiantes deben ver próximas las materias a su mundo pero también, y por muy alejadas que estén, sentirse obligados a estudiarlas. Sin obligación inicial no existe acercamiento real ni motivación a descubrir.

Cuando impartía Matemáticas aproximaba a mis alumnos a tal especialidad de una manera singular. Para ello les encandilaba con una historia de ciencia ficción que si ustedes han leído la novela de Carl Sagan, Contact, o si han visto la película que dirigió Robert Zemeckis bajo el mismo título, comprenderán mucho mejor lo que les decía.

–          Si algún día entrásemos en contacto con otros seres inteligentes, con alienígenas, ¿cómo nos entenderíamos?

–          Pues con los signos de los sordomudos – respondió alguien.

–          No podría ser ya que no hablarían ni español, ni chino, ni inglés a traducir con signos. Por tanto, no sabríamos que decirnos, toda una pena. Pero hay un idioma que todo ser que haya construido grandes máquinas o edificios seguro que ha utilizado, ¿cuál es?

–          Las mates – lanzó sin pensar otro.

–          Exacto, y sin cálculos exactos es harto imposible edificar un puente o una nave espacial que soporte las inclemencias del cosmos. Las matemáticas son todo un lenguaje, un idioma muy quisquilloso, cierto. Si te olvidas de un signo, o te llevas mal un decimal, el ejercicio deviene incorrecto. Aunque quien las aprende puede explicar cómo funciona un cohete, predecir el tiempo que hará mañana o saber las probabilidades de ganar jugando a los dados. Las mates están por todas partes, incluso el día que charlemos con ET.

En una ocasión, y yo dando historia de las ciencias, lograba lo mismo contándoles que la historia era como tener presente lo que te pasó con un mal amigo.

<< La vida son causas y efectos, lo importante es no repetir los errores pasados pero sí plagiar los aciertos. Si sabes quien fue un mal amigo, deberías aprender de ello y evitar otro futuro compañero necio. En ello la memoria de los acontecimientos te ayudará. La historia es un cuento, una película, un cómic del manga que nos muestra viñetas buenas y malas de un pasado a recordar en mejora de nuestro ahora, pero la historia verdadera debe infundirnos tres cosas: conocer los hechos reales, saber contrastar las fuentes y ser críticos con ellas. En caso contrario no se hará historia, se hará propaganda ideológica y repetiremos los errores pasados, ¿o preferís votar a ciegas? >>

Otro caso parecido lo vi en una profesora de plástica quien les argumentaba que para enamorar a alguien hay que ser creativo y sensible, algo que se puede aprender y potenciar desde el arte y el diseño. También otro docente de inglés les contaba que para ligar con extranjeros y extranjeras la lengua sajona era bastante útil, o en educación física que para tener un cuerpo atractivo les sería práctico aplicar lo aprendido en la gimnástica. O el caso de un profesor física que les contaba que el GPS funciona con relatividad.

Felicitemos a los profesores que acercan su saber al mundo de los adolescentes ya que en ello verán un camino a imitar, pero que sin conocimientos no sabrán ser adultos

En fin, felicitemos a los profesores que acercan su saber al mundo de los adolescentes ya que en ello verán un camino a imitar, pero que sin conocimientos no sabrán ser adultos. Aunque no condenemos al ostracismo a quienes no lo hacen ya que es imposible que todas las clases sean cercanas a todos y cada uno de los púberes. En todo ello, y desde la familia, habrá que potenciar que estudien todos esos conocimientos útiles. Luego su hijo, y con verdades en su cabeza, sabrá qué elegir con conocimiento de causa su futuro. Pero hay quienes afirman que todo el conocimiento ya está por la red y en los ordenadores, ¿confunden quizás información con conocimiento?

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¿Un ordenador por alumno?

Cuando se habla de cómo enseñar en el aula hay quienes aseguran que las clases con un ordenador por alumno son la vanguardia y el futuro, que no hay vuelta atrás. Cierto que las nuevas tecnologías invaden nuestro progreso pero no por ello se justifica la digitalización total de nuestra enseñanza. Nuestro cerebro sigue idéntico al de nuestros antepasados del Paleolítico, al de los primeros sapiens de hace más de 200.000 años. Lo único que ha cambiado no es nuestra inteligencia, es nuestra tecnología. Un asno sigue siendo un asno por más ordenadores que tenga a su alrededor. Por tanto, y primera premisa, inteligencia y tecnología no son lo mismo.

Cierto que las nuevas tecnologías invaden nuestro progreso pero no por ello se justifica la digitalización total de nuestra enseñanza

La segunda nos la ofrece la neurobiología, que sí utiliza potentes ordenadores en sus investigaciones. Aun así, esta ciencia no cree oportuno que cada alumno viva embaucado ante una pantalla personal en el aula. Gracias a la neurobiología sabemos que la mano ocupa un volumen de neuronas enorme en nuestro cerebro, más que piernas y tronco juntos. Cuando un alumno anota lo escuchado, copia un esquema o pasa unos apuntes a mano, estimula un número tal de neuronas que sin darse cuenta razona, piensa y memoriza lo que está observando, algo que un clic en el ordenador no desarrolla. Este argumento tan simple y demoledor me ha conllevado muchas reprimendas de los expertos en educación. Incluso mis quejas llegaron hasta la política y ésta fingió escucharme. Durante una conversación personal que mantuve el 23 de Noviembre de 2011 en el Parlament de Catalunya con el consejero de educación de la Generalitat de Catalunya, el señor Ernest Maragall, se vio claro lo que ocurría. Maragall me defendía a ultranza el proyecto de un ordenador por alumno, el llamado 1×1.

<< El 1×1 mejora el aprendizaje de los alumnos y los hace más libres de conocimiento – me insistía el consejero -. Ahora cada escolar desde su portátil puede acceder a la información y eso es un gran avance para los alumnos, les socializa y elimina las desigualdades económicas como nunca lo había hecho ninguna herramienta pedagógica. El 1×1 ofrece igualdad de oportunidades a los alumnos de toda clase social, ¿no se da cuenta del alto porcentaje de inmigrantes en nuestro país? Este sí es un problema importante de hoy en día, la gran desigualdad social entre nuestros alumnos […]. En ello el aula digital elimina estas desigualdades. Ahora todos estos alumnos pueden acceder a la información a través de su ordenador y de Internet. Cuando se llevan el ordenador consigo, se llevan EL MUNDO A SU CASA. Ellos con su ordenador pueden buscar toda aquella información que les falta o necesitan […]. Ahora más que nunca tienen acceso a toda la información por la red, ahora más que nunca pueden tener igualdad social>>

Le conté a Maragall que confundía la sociedad de la información con la del conocimiento. La información crece cada día exponencialmente por Internet pero la capacidad de conocimiento de un individuo no lo puede hacer así. El exceso de información sin criterio se convierte en un basurero de mentiras. Además un alumno, por muy bien informado que esté, puede ser un auténtico ignorante si se cree todo lo que lee por la red. Internet nos ofrece una gran posibilidad educativa, sí, pero también una gigantesca oferta deseducativa.

Las TIC no educan automáticamente a los alumnos sino que los docentes educados son los expertos en ello

Las TIC no educan automáticamente a los alumnos sino que los docentes educados son los expertos en ello. Le insistí a Maragall que todo aquello era por varias razones. Primero que la gran mayoría de estudiantes ya poseen ordenador en casa, móvil con Internet o simplemente locutorios sin necesidad de regalarles, subvencionarles u obligar a los padres a pagar un ordenador por cada alumno. Segundo, que si lo que queremos es la igualdad entre todos los alumnos, inmigrantes o no, lo que debemos hacer es que todos sepan tanto como los docentes para que la escuela devenga un ascensor social real. En caso contrario, y dejándoles libres con su portátil, se enfrentarán a informaciones sin criterio. Ante ello el padre del DNS, o Domain Name System en Internet, Paul Mockapetris, lo tenía muy claro. Él afirmaba lo siguiente en la contra de La Vanguardia del 6 de febrero de 2013.

<< En el colegio a mis hijos les exigen Internet, pero yo me niego a que así tengan acceso a sitios nauseabundos y peligrosos >>

El tercer punto que le comenté a Maragall fue que un ordenador para cada alumno aislaba a éste de los conocimientos contrastados del docente, sobre todo cuando el escolar se conectaba al Facebook en clase. Y el cuarto punto era que el 1×1 podía ser una moda pasajera como si en el pasado las transparencias o las diapositivas se hubieran impuesto como sustituto de libros y apuntes en clase. Es decir, que la obsesión por los ordenadores no debería llevarnos a olvidar que son medios auxiliares para educar, ¿qué utilidad tiene un 1×1 si el alumno no es capaz de asumir conocimientos significativos pero prefiere conectarse al Facebook? Después de años de aquella conversación, los hechos negaron la visión de Maragall y apoyaron los de la ciencia educativa. Las ideologías políticas son más intenciones tácticas que redenciones prácticas.

 << Ya, es que el 1×1 requiere más esfuerzo por parte de los docentes – me argumentó Maragall -. Es la escuela la que debe adaptarse a la sociedad y no al revés. Con más esfuerzo docente el digital funcionará. Los docentes deben procurar que los alumnos no se conecten al Facebook durante la clase >>

Y así se hacía con programas que bloqueaban el acceso al Facebook y otras redes sociales pero, y a pesar del esfuerzo docente, los alumnos conseguían programas piratas para saltarse las barreras y conectarse nuevamente al Facebook, un hecho que por la cara que puso Maragall, obviamente desconocía, él no impartía clases. En fin, que un ordenador por alumno había complicado más que mejorado la enseñanza. Con el 1×1, y por desgracia, muchos estudiantes se aislaban de la lección sin prestar atención a quien si poseía información contrastada, el docente. La igualdad de la que Maragall hablaba quedó extirpada ya que los conocimientos del profesor jamás eran impartidos entre sus escolares.

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Siempre fue mejor una sola pantalla digital, si funcionaba con celeridad, que 30 ordenadores por aula. Jamás la modernidad justificó un portátil por párvulo ya que los distrae más que los alecciona, los desiguala más que les informa, y los confunde más que les aclara. Pero lo más perverso de Maragall fue que la escuela debía adaptarse al mundo cuando era ésta la que podía mejorarlo. De nada sirvió llevarle los datos en contra del 1×1.

–          Usted señor Rabadà se opone a la modernidad – me comentó Maragall –, ahora las nuevas tecnologías ofrecen mucha información a todo el mundo. Hay que cambiar. Enseñamos igual como hace cincuenta años

–          Y nos reproducimos como hace 200.000 sin irnos nada mal, ya somos 7.000 millones en el planeta.

–          No compare señor Rabadà. Y en todo caso las nuevas tecnologías son imparables y la escuela debe aplicarlas.

–          Afirmar que algo es imparable no demuestra ni su mejora ni su imparabilidad, sólo las ganas de imponer una obstinación. Una afirmación jamás da la razón. En 1940 también se profetizó que un movimiento social vitoreado por millones iba a ser imparable. Por suerte muchos lo detuvieron.

–          Pero por favor…

–          ¿Pero por favor? Señor Maragall un ordenador por alumno comporta un ingente dispendio público totalmente paradójico con la deuda estatal vigente. Mientras pagamos a golpe de crédito por la instalación de cables, antenas y más ordenadores por todas las aulas peninsulares, se recorta en número de docentes, en su nómina y en su potencial profesional. De hecho se les aumenta el número de alumnos por clase y de horas lectivas. Es decir, más horas de trabajo, más alumnos y más aula digital pero menos salario, ¿cómo se comprende esto? Y lo más importante, ¿cuanto ha costado todo ello?

–          Dígamelo usted que le gusta investigar tanto.

Cabía añadir que la instalación de los cañones digitales implicaba gastos futuros no presupuestados. Cada lámpara tenía unas 2.000 horas de vida. Una vez fundida debía cambiarse, algo que empezó a suceder en todos los centros a partir de 2013. El precio por cada unidad rondaba los 270 euros si se compraba a través del distribuidor oficial, pero la misma se encontraba por Amazon a menos de la mitad, a 120 euros. Maragall frunció el ceño en señal de rechazo y se enfadó de manera furibunda. Quizás fueron evidentes los intereses económicos de ciertos fabricantes de portátiles. El pedagogo Gregorio Luri escribió una vez en su blog.

<< Que las grandes empresas de nuevas tecnologías tienen intereses comerciales en la educación, es obvio, pero eso no significa que tengan intereses educativos >>

Quizás lo más perverso del 1×1, y que Maragall no quiso aceptar, fue que no existía ningún país que hubiera aplicado tal tecnología con éxito, a lo sumo había un par de experiencias locales que al final demostraron ser fallidas. Una lo fue en un centro de Suecia por los años noventa y la otra en el High School of Liverpool de Nueva York en 2007. Ambas fueron abandonadas por falta de resultados positivos y por la abrumadora fuerza de los negativos, los alumnos se distraían demasiado con su propio ordenador. Las TIC, o nuevas tecnologías, deben ser una herramienta auxiliar, sí, pero no lo fundamental en la educación. En fin, que un ordenador por alumno resultó ser una quimera cara y difícil de comprender ante dos hechos: la crisis económica del momento y la gigantesca deuda estatal contraída.

Spitzer, y tras años de recoger pruebas, demostró que la introducción de la tecnología digital perjudicaba gravemente el aprendizaje escolar

Maragall no cambió de opinión como tampoco gran parte de la política educativa nacional. Incluso años más tarde, y ante los datos de reconocidos psiquiatras, Maragall seguía defendiendo su postura. En octubre de 2016 el psiquiatra Manfred Spitzer, quien investigaba los efectos de las tecnologías digitales en la educación, declaraba ante los medios que los móviles y los ordenadores dificultaban claramente la enseñanza. Bajo evidencias científicas, y no opiniones, el doctor Spitzer demostraba que el uso de aparatos digitales retrasaba la madurez de niños y adolescentes al impedirles concentrarse y aprender, algo que mi experiencia ya comunicó al señor Maragall en febrero de 2013.

Spitzer, y tras años de recoger pruebas, demostró que la introducción de la tecnología digital perjudicaba gravemente el aprendizaje escolar. La mejor forma de adquirir conocimientos no es a través de las herramientas digitales sino a través de la lectura de calidad, de la redacción de anotaciones y del trabajo con un profesor docto. Eso sí es tecnología punta pedagógica. Aun así Maragall me dijo en otra ocasión, y en tono despectivo.

–          Pero todo esto es ciencia.

–          Claro – le quise aclarar –, como la relatividad controla su GPS, la quántica su móvil o la física de Newton predice el tiempo atmosférico.

No nos hemos vuelto a ver más.

Este artículo forma parte de una serie titulada “Fracaso escolar o fracaso político“, a cargo de nuestro colaborador, David Rabadà.

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