Tratado de Versalles

Firma del Tratado en la sala de los Espejos del palacio de Versalles el 28 de junio de 1919 / Wikimedia - Colecciones del Museo de la Guerra Imperial

Tal día como hoy… 28 de junio de 1919 se firmaba el Tratado de Versalles

 

El 28 de junio de 1919 se firmaba en la Sala de los Espejos del Palacio de Versalles el Tratado que ponía fin a la I Guerra Mundial. Hacía exactamente cinco años del atentado de Sarajevo, que había provocado la guerra, y se firmaba en el mismo espacio donde se había proclamado el II Reich alemán en 1870. En cinco años había habido veinte millones de muertos, habían desaparecido cuatro imperios, habían surgido nuevos países y Europa había dejado de ser el centro del mundo.

 

CV / Firmaron el Tratado más de cincuenta países –en la medida que implicaba la creación de la Sociedad de las Naciones, precedente de la ONU-, muchos de los cuales no existían antes de la guerra, habiendo surgido precisamente del desmembramiento de los Imperios que la perdieron: El alemán, el austro-húngaro, el ruso, el otomano…

Firmaron el Tratado más de cincuenta países, muchos de los cuales no existían antes de la guerra

El Tratado de Versalles fue en realidad uno más de los que surgieron de la Conferencia de Paz de París, el referido a Alemania, mientras que para el resto de países vencidos se aplicaron tratados paralelos: El de Saint-Germain-en-Laye, con Austria; el de Neully con Bulgaria; el de Sevres con Turquía; el de Trianon con Hungría… Se establecieron nuevos países, nuevas fronteras, indemnizaciones de guerra… y el reconocimiento por parte de los Imperios Centrales de su culpabilidad en el inicio de la guerra. Algo que fue particularmente doloroso para Alemania, representada por la nueva República de Weimar, que lo consideró más un «dictado» que un tratado. Hoy en día se considera que fue excesivamente duro con los vencidos, pero ya se sabe…

Cuando a partir de la segunda mitad de 1918 la ofensiva aliada produjo el desmoronamiento del frente occidental, en Alemania se sucedieron las huelgas y estalló la revolución. El Káiser Guillermo II optó por abdicar y se constituyó un régimen democrático y parlamentario bajo la forma de república, que se conoce como la República de Weimar. Aunque sin duda desde una posición muy difícil, lo cierto es que el régimen de la República de Weimar ni era ni se consideraba heredero de la autoritaria y militarista dinastía prusiana de los Hohenzollern, sino una consecuencia más de la guerra. Sus primeras acciones consistieron en negociar un rápido alto el fuego y se pensaba –a la vez que se deseaba- que los aliados tuvieran en cuenta que ya no estaban negociando con los jünkers del Káiser, sino con los representantes de un régimen democrático que había conseguido zafarse de ellos.

Al final, Alemania vio reducida sus fronteras continentales en casi 100.000km2 -de 540.766km2 a 468.787km2

Pero no fue así. Un tema, éste, que ha sido objeto de fuerte controversia histórica, y que en parte ha responsabilizado al revanchismo francés de haberse ensañado con a Alemania y de haberle impuesto unas condiciones draconianas que propiciaron el posterior ascenso del nazismo y la II Guerra Mundial.

Hubo voces más contemporizadoras, como la del presidente norteamericano Wodrow Wilson, que propuso la celebración de plebiscitos en las regiones históricamente disputadas para que su población decidiera. Clemenceau le recordó que Francia no había perdido dos millones y medio de soldados para celebrar un referéndum en Alsacia y Lorena…

Al final, Alemania vio reducida sus fronteras continentales en casi 100.000km2 -de 540.766km2 a 468.787km2– que pasaron a Francia –Alsacia y Lorena-, a la nueva Polonia, a Lituania…; perdió todas sus colonias de ultramar; la explotación económica de la zona industrial del Sarre quedó adjudicada a Francia por 15 años; se prohibió cualquier intento de unión con Austria… Y  se impusieron unas onerosas reparaciones económicas de guerra, que no quedaron liquidadas por Alemania hasta 1983. En realidad, todavía entonces quedaron pendientes los intereses generados desde la aprobación del tratado, que no se liquidaron hasta el 3 de octubre de 2010, veinte años después de la reunificación posterior a la II Guerra Mundial.

Alemania quedó derrotada, arruinada y humillada. Claro que los errores se pagan, y luego vino lo que vino

Por decirlo claramente, en el Tratado de Versalles primó el Vae Victis –¡ay de los vencidos!-.  Es verdad que la actitud de la República de Weimar autoexonerándose de cualquier responsabilidad, haciendo como que la cosa no iba con ellos y echándole las culpas al káiser, podía no parecer muy honesta. Pero también lo es que los enviados alemanes podían haberla copiado perfectamente de los embajadores franceses en el Congreso de Viena de 1815, un siglo antes, cuando tras la caída de Napoleón, el inefable Tayllerand proclamó en nombre de la restaurada monarquía borbónica que allí no se estaba juzgando a Francia, sino al régimen revolucionario y al napoleónico, y que con Napoleón deportado a Santa Helena ya había más que suficiente. Y la verdad es que a los franceses les fue en Viena mucho mejor que a los alemanes en Versalles. Alemania quedó derrotada, arruinada y humillada. Claro que los errores se pagan, y luego vino lo que vino.

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