Tristany, el último general carlista

Rafael Tristany / Wikimedia

El 17 de junio de 1899 fallecía exiliado en Lourdes, a los 85 años de edad, el general carlista Rafael Tristany y Parera. No alcanzó la fama de Zumalacárregui o Cabrera, pero sí es el único general que combatió en las tres guerras carlistas que a lo largo del siglo XIX asolaron España, y un personaje cuya azarosa biografía ayuda a aproximarse en cierto modo al complejísimo fenómeno que constituyó este movimiento legitimista y ultraconservador.

 

CV / Había nacido en Ardévol el 16 de marzo de 1814, cuando todavía coleaba la Guerra de la Independencia, en el seno de una familia rural catalana de ascendencia noble y ultraconservadora. Al estallar la insurrección carlista en 1833, se alistó con 19 años en la partida que organizó su abuelo, Benito Tristany, conocido como «Mossén Benet», un cura rural de pueblo que había luchado a trabucazos contra los franceses, que se adhirió a la causa del pretendiente Don Carlos, hermano de Fernando VII y con tan pocas luces como este, que se negó a aceptar a Isabel II como reina y, amparándose en la ley sálica, se proclamó rey de España con el nombre de Carlos V.

Participó en múltiples enfrentamientos con los ejércitos liberales, alcanzando el grado de coronel en 1835. Tras la retirada de Cabrera hacia Francia y el final de la primera guerra (1833-1840) permaneció oculto en Cataluña

Participó en múltiples enfrentamientos con los ejércitos liberales, alcanzando el grado de coronel en 1835. Tras la retirada de Cabrera hacia Francia y el final de la primera guerra (1833-1840) permaneció oculto en Cataluña. Al estallar la segunda guerra (1846-1849) siguió de nuevo a su tío, a las órdenes de Cabrera y esperando la entrada en Cataluña del pretendiente. Tras la detención y fusilamiento de su tío, se hizo con el mando de la partida, al frente de una hueste de unos cinco o seis mil hombres, y unos 500 jinetes. Buen organizados y conocedor del territorio, consiguió varias victorias, tomó las poblaciones de Sallent y Berga, y consiguió apresar a toda la guarnición de Igualada. En Avinyó (Barcelona) derrotó y apresó al brigadier Manzano y a 700 soldados de su ejército.

Pese a sus éxitos, la superioridad liberal y el fracaso de las revueltas en otros territorios de España, le obligó a retirarse a Francia en 1949. Desde el exilio, se introdujo en la corte carlista y participó en la organización de tentativas fallidas, como el alzamiento de 1855 y el desembarco de Sant Carles de la Ràpita. Fracasados estos intentos, se puso al servicio del rey de Nápoles, que le nombró comandante general de la provincia de los Abruzos, donde combatió a los garibaldinos, venciéndolos en varias ocasiones. Tras la caída del reino borbónico de Nápoles y la unificación italiana, fue deportado de nuevo a Francia. Desde su visión, Nápoles era la expresión italiana de los carlistas, mientras que Garibaldi y los piamonteses, lo eran de los liberales.

Con la República desbordada por la inestabilidad política, las revueltas cantonales y la insurrección en Cuba, la revuelta carlista empezó con grandes éxitos, que todavía les convencieron más de estar ante la gran oportunidad de conseguir la victoria definitiva

La revolución Gloriosa de 1868, que destronó a Isabel II, el gobierno provisional, el asesinato de Prim y la proclamación de Amadeo I como rey de España, fue vista por los legitimistas como la gran oportunidad de unir a los sectores borbónicos y conservadores alrededor del pretendiente carlista, que se lanzaron a la tercera guerra, cuyos escenarios fueron principalmente Navarra, País Vasco y Cataluña. La posterior abdicación de Amadeo y la proclamación de la I República les llevó definitivamente a la tercera y última guerra (1872-1876). Con la República desbordada por la inestabilidad política, las revueltas cantonales y la insurrección en Cuba, la revuelta carlista empezó con grandes éxitos, que todavía les convencieron más de estar ante la gran oportunidad de conseguir la victoria definitiva.

En aquellos momentos, con Cabrera habiendo abandonado la dirección del carlismo y a punto de reconocer a Alfonso XII como rey legítimo, Tristany se constituyó en el general carlista más relevante de Cataluña, Aragón y el Maestrazgo. Entró en España por los Pirineos en 1872 con algunos partidarios fieles exiliados como él, y pronto consiguió reclutar una respetable fuerza militar con la cual obtuvo importantes éxitos. En una guerra que se caracterizó por los frecuentes sobornos y cambios de bando por parte de los carlistas, se mantuvo en todo momento leal a Carlos VII. Llevó la guerra a toda Cataluña, tomando poblaciones como Prades, Vic, Manresa y Vendrell, La Seu d’Urgell, Caspe… aunque casi siempre para tener que retirarse poco después al acudir fuerzas muy superiores contra las cuales no tenía posibilidades de éxito. En realidad, era una guerra de guerrillas que convirtió en guerra formal, imitando lo que Cabrera había hecho en el Maestrazgo durante la primera guerra. Llegó a contar con un ejército permanente de 15.000 hombres, 3.000 jinetes y caballos, y unos cuarenta cañones –la mayoría capturados al enemigo-.

Hombre de convicciones ultracatólicas, se mantuvo fiel al legitimismo carlista hasta el final, viviendo de la caridad de los poderosos del bando derrotado

En 1875 fue llamado por el estado mayor carlista al frente del norte, para participar en el asedio de Guetaria, por cuyas acciones fue condecorado con la Gran Cruz de San Fernando. Pero con la Restauración borbónica en la figura de Alfonso XII, quedó claro que el carlismo no tenía futuro. A las deserciones continuas se le unió la contraofensiva de los alfonsinos, tanto en el Norte –Navarra y País Vasco- como en Cataluña, donde, al regresar, se encontró que tenía que hacer frente a un ejército de más de 50.000 hombres. Tras las victorias liberales en Caspe, Cantavieja, Miravet, Puigcerdà y la Seu d’Urgell, con el carlismo en desbandada en todos los frentes, pasó de nuevo, definitivamente esta vez, a Francia.

Hombre de convicciones ultracatólicas, se mantuvo fiel al legitimismo carlista hasta el final, viviendo de la caridad de los poderosos del bando derrotado. Don Carlos le nombró conde de Altet, barón de Avinyó y marqués de Casa Tristany. En los años ochenta del siglo XIX conspiró con Ramón de Nocedal en la constitución del carlismo como un brazo político. La monarquía Alfonsina intentó recuperarle para su causa, como había hecho con Cabrera, y parece ser que Cánovas le ofreció el reconocimiento del grado de general y de los títulos nobiliarios, así como el empleo de teniente general, que rechazó por fidelidad al carlismo.

En 1888 se casó con una legitimista francesa, que tradujo al francés el libro ‘El liberalismo es pecado’, de un correligionario suyo, el sacerdote Félix Sardà y Salvany. Lo del carlismo lo llevaba en la médula y le venía de familia. Además de su tío, el ya citado «Mossén» Benet, mariscal de campo carlista, participaron también activamente otro tío suyo, Miguel Tristany, también general, muerto en 1934, y sus hermanos José Tristany, coronel, Miguel Tristany, capitán, además dos primos, Antonio Tristany, comandante, y Francisco Tristany, brigadier. Toda una familia de carlistones…

En 1913 sus restos fueron trasladados a su Ardévol natal, con una peregrinación carlista desde Lourdes que reunió a más de 15.000 personas y a la que acudió el entonces pretendiente carlista Don Jaime

En 1913 sus restos fueron trasladados a su Ardévol natal, con una peregrinación carlista desde Lourdes que reunió a más de 15.000 personas y a la que acudió el entonces pretendiente carlista Don Jaime. De Tristany se dijo entonces que era la viva imagen de un caballero de la Edad Media y de un verdadero militar español a la antigua usanza.

Rafael Tristany fue sin duda un hombre monolítico y de una sola pieza. Antes de finalizar la tercera guerra y todavía en tiempos de la I República, el general Martínez Campos –un espadón felón que estaba conspirando- le había ofrecido pasarse de bando con estas palabras: “Unámonos, proclamaremos a Don Alfonso, iremos a Barcelona y mataremos la revolución”. A lo que Tristany replicó: “No es así como se la mata. Don Alfonso no matará la revolución; la consolidará echándose en sus brazos. Si usted quiere matar la revolución, únase a mí y proclamemos a Carlos VII”. Hay que entender que, para él, el liberalismo era pecado.

 

TAMBIÉN ESTA SEMANA:

Lunes, 13 de junio de 1931

Fallecía en Aranjuez Santiago Rusiñol y Prats (n. 1961), pintor, escultor y escritor en lengua catalana.

Martes, 14 de junio de 1938

Action Comics presentaba oficialmente al que iba a ser el héroe del comic más famoso de la historia: Superman.

Miércoles, 15 de junio de 1977

En España, tras la muerte del dictador Franco un año y medio antes, tenían lugar las primeras elecciones democráticas desde los tiempos de la II República.

Jueves,16 de junio de 1897

Los Estados Unidos se anexan oficialmente el archipiélago de las islas Hawái.

Viernes, 17 de junio de 1899

Fallecía en Lourdes (Francia) el general carlista Rafael Tristany y Parera, el único que participó en las tres guerras carlistas a lo largo del siglo XIX.

Sábado, 18 de junio de 1936

Fallecía en Moscú el escritor ruso Máximo Gorki (n. 1868), fundador del movimiento literario del realismo socialista.

Domingo, 19 de junio de 1953

Ethel y Julius Rosenberg eran ejecutados en la silla eléctrica, acusados de haber pasado secretos nucleares a la Unión Soviética.

Dejar comentario

Deja tu comentario
Pon tu nombre aquí

Ver más

  • Responsable: Eva Serra Sánchez.
  • Finalidad:  Moderar los comentarios.
  • Legitimación:  Por consentimiento del interesado.
  • Destinatarios y encargados de tratamiento:  No se ceden o comunican datos a terceros para prestar este servicio. El Titular ha contratado los servicios de alojamiento web a Nominalia que actúa como encargado de tratamiento.
  • Derechos: Acceder, rectificar y suprimir los datos.
  • Información Adicional: Puede consultar la información detallada en la Política de Privacidad.