Uladislao Gutiérrez o el moderno Abelardo

Hacía 250 días que habían huido de Buenos Aires y 65 días que los habían descubierto / Pixabay

Tal día como hoy… 18 de agosto de 1848 eran fusilados Uladislao Gutiérrez y Camila O’Gorman

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El 18 de agosto de 1848 eran fusilados en Santos Lugares de Rosas, actual Ciudad de San Martín (Argentina), Uladislao Gutiérrez y Camila O’Gorman. Él era sobrino del gobernador de Tucumán; ella pertenecía a una de las familias aristocráticas argentinas de más lustre. Tenían respectivamente 24 y 23 años. Su «crimen», haber escandalizado a la hipócritamente mojigata alta sociedad porteña con un romance y fuga con el celibato eclesiástico de por medio. Y es que Uladislao era un sacerdote jesuita. Abelardo y Eloísa redivivos. A veces la historia se repite a peor…

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Camila O’Gorman (1825-1848). / Wikimedia

CV / En principio, célibe es alguien que no está casado. Su asociación con la castidad proviene de la proscripción de la sexualidad fuera del matrimonio. En teoría, pues, si alguien renuncia a casarse está renunciando al sexo. Otra cosa es en la práctica. Pero el auténtico problema en el caso de los ministros de la Iglesia es la institución del matrimonio. En otras palabras, si un cura echa una canita al aire, está pecando como cualquier otro mortal; si se casa, comete sacrilegio. Ello es así más por razones de índole mundana que teológica, y con las nociones de patrimonio y herencia involucradas de lleno en ello. En cuestiones crematísticas no se puede servir a dos amos. Por esto precisamente el celibato religioso no existió desde siempre, sino que la Iglesia lo fue adoptando a medida que se iba consolidando como institución.

El caso más famoso de violación del celibato es el la historia del romance entre Abelardo y Eloísa, acontecido en el siglo XII, poco después de que el II Concilio de Letrán (1139) estableciera formalmente la proscripción del matrimonio para los religiosos ordenados. Aunque también hay que decir que, en honor a la verdad, la Iglesia como institución no tuvo nada que ver tal episodio, sino que fue cosa de un familiar irascible que, eso sí, era canónigo.

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Amores clandestinos

Pedro Abelardo (1079-1142) era, además de monje, filósofo y lógico, un hombre muy bien parecido. En el año 1115 conoció a Eloísa (1092-1164), cuyo tío era un tal Fulberto, canónigo de la catedral de París, que confió a Abelardo la instrucción de su sobrina. Ambos se enamoraron perdidamente, se fugaron y se casaron en secreto según el antiguo uso medieval. Tras una escabrosa historia de persecuciones y delaciones, unos sicarios enviados por Fulberto sorprendieron a Abelardo y lo castraron. Aquí acabó el romance, que no el amor. Pero como Fulberto había actuado por cuenta propia, la justicia lo condenó al exilio. A los sicarios se los castró –ojo por ojo- y, de propina, fueron también cegados. Eloísa se refugió en el convento de Paraclet, del cual llegó a ser abadesa. Siguió escribiendo y componiendo poemas. Está considerada la primera mujer intelectual de la Edad Media. Abelardo se convirtió en uno de los grandes pensadores medievales.

La historia de sus homólogos argentinos del siglo XIX es, si cabe, mucho más triste, trágica y sórdida, no por ellos, pues fue, al fin y al cabo, una historia de amor como tantas ha habido y habrá, sino por la cínica y cruel estolidez de sus figurantes periféricos. Y por su irredentismo.

Algunas versiones afirman que Camila estaba embarazada de ocho meses, siendo esta la razón que les habría inducido a huir en su momento

El destino llevó en 1943 a Uladislao a la parroquia donde conoció a Camila. Su condición familiar le facilitó el acceso a la mansión de los O’Gorman y pronto se iniciaron un tórrido romance. Tras unos años de amores clandestinos, decidieron huir a Brasil y empezar una nueva vida. Partieron el 12 de diciembre de 1847 con destino a Río de Janeiro, pero por razones que se desconocen, acabaron por no salir del país y se instalaron en Goya (provincia de Corrientes, Argentina). Allí vivieron un tiempo con nombres falsos y fundaron una escuela. Su huida fue todo un escándalo entre la alta sociedad porteña.

Siete meses después, también el destino llevó un cura irlandés vinculado a los O’Gorman hasta la remota Goya, donde reconoció a Uladislao y Camila entre los asistentes a una fiesta. Acaso para congraciarse con sus patronos, o por puro espíritu delator, los denunció. Fueron detenidos, llevados a Buenos Aires y encarcelados. El escándalo fue absoluto. El siempre voluble populacho clamaba contra la violación del celibato eclesiástico, y los O’Gorman pedían reparación del honor mancillado, muy especialmente el patriarca O’Gorman. Juan Manuel de Rosas, gobernador general de Buenos Aires y hombre fuerte de la Confederación Argentina en aquellos tiempos, a pesar de que su propia hija era íntima amiga de Camila e intercedió por ella, dispuso el fusilamiento de los dos amantes… presionado por el propio padre de Camila.

Algunas versiones afirman que Camila estaba embarazada de ocho meses, siendo esta la razón que les habría inducido a huir en su momento. Tampoco ninguna ley del derecho argentino autorizaba la pena de muerte para este tipo de «delitos». Fue un apaño criminal.

Como mínimo, los Capuleto y los Montesco se arrepintieron cuando vieron a sus respectivos Romeo y Julieta muertos por culpa de su intolerante estupidez. El padre de Camila, según todo indica, ni eso.

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También un 18 de agosto se cumplen estas otras efemérides

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