Las lenguas extranjeras a menudo se aprenden más tarde en las aulas, y no pueden activar sentimientos, incluyendo sentimientos aversivos, tan intensamente como las maternas / UPF

El uso de una lengua extranjera en la toma de decisiones rebaja el componente emocional

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Si pudieras salvar la vida de cinco personas empujando a otra persona delante de un tren hasta su muerte, ¿lo harías? ¿Y habría alguna diferencia si esa elección se presenta en un idioma que hablas, pero no es tu lengua materna?

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UPF / Estos son los principales interrogantes que un equipo internacional de psicólogos de la Universidad de Chicago, la Universidad de Utah y la Universidad Pompeu Fabra se han planteado en un estudio publicado el pasado mes de agosto en la revista Psychological Science. Y las respuestas que han encontrado son sorprendentes: los individuos que se enfrentan a este dilema mientras se comunican en un idioma extranjero están mucho más dispuestos a sacrificar a la persona que aquellos que usan su lengua materna.

El uso de una lengua extranjera proporciona a las personas una distancia emocional que les permite tomar una acción más utilitaria

“Hasta ahora, los que nos dedicamos a esta área de coocimiento hemos descrito cómo el uso de un idioma extranjero afecta la forma en que pensamos”, explica Boaz Keysar, profesor de psicología de la Universidad de Chicago en cuyo laboratorio se llevó a cabo la investigación. “Siempre tuvimos algún tipo de explicación, pero no estaban probadas directamente. Este es realmente el primer artículo que explica por qué pasa, con evidencia. ”

A través de una serie de experimentos, los investigadores exploraron si la decisión que la gente tomaba en el dilema del tren se debía a una reducción de la aversión emocional a romper un tabú enraizado, a un aumento en la deliberación que se cree asociada a un sentido utilitarista de maximizar el mayor beneficio en la situación concreta, o alguna combinación de los dos motivos.

“Descubrimos que la gente que usa un idioma extranjero no estaba más preocupada por maximizar el beneficio”, afirma la autora principal Sayuri Hayakawa, estudiante de doctorado en psicología. “Más bien tenían menos aversión a violar los tabúes que pueden interferir en la toma de decisiones maximizando la utilidad.”

El equipo de investigadores, entre los que se encuentran Albert Costa y Joanna Corey, del Centro de Cognición y Cerebro (CBC) del Departamento de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (DTIC) de la UPF, ​​proponen que el uso de una lengua extranjera proporciona a las personas una distancia emocional que les permite tomar una acción más utilitaria.

“Al principio estábamos algo desconcertados por el resultado, ya que esperábamos que el uso de una lengua extranjera incurriera en preocupaciones utilitaristas. Suponíamos que utilizar un idioma extranjero induciría a la gente a preocuparse más por el terreno común”, explica Albert Costa. Sin embargo, “las conclusiones sugieren que el origen de este fenómeno está más vinculado a una reducción de connotaciones deontológicas”.

A partir de aquí el equipo de investigadores estudiará por qué sucede este comportamiento

Estudios de todo el mundo sugieren que el uso de una lengua extranjera hace a la gente más utilitaria. Hablar una lengua extranjera te frena y requiere que te concentres para entender. Los científicos han planteado la hipótesis de que el resultado es un estado de ánimo más deliberativo que hace que el beneficio utilitario de salvar cinco vidas supere la aversión a empujar a un hombre a su muerte.

Pero la propia experiencia de Keysar hablando una lengua extranjera (inglés) le dio la sensación de que la emoción era importante. El inglés apenas no tenía la resonancia visceral para él como su hebreo nativo. No estaba tan íntimamente ligado a la emoción, un sentimiento compartido por muchos bilingües y corroborado por numerosos estudios de laboratorio.

“Tu lengua materna se adquiere de tu familia, de tus amigos, de la televisión”, asegura Hayakawa. “Se infunde con todas estas emociones.” Las lenguas extranjeras, por el contrario, a menudo se aprenden más tarde en las aulas, y no pueden activar sentimientos, incluyendo sentimientos aversivos, tan intensamente.

El problema es que el proceso “más utilitario” o “menos emocional” produciría el mismo comportamiento. Para ayudar a averiguar cuál era realmente el responsable, los psicólogos trabajaron con David Tannenbaum, un investigador postdoctoral de la Universidad de Chicago Booth School of Business en el momento de la investigación y ahora profesor asistente en la Universidad de Utah.

Los investigadores también se plantean investigar si sus resultados de laboratorio se aplican en situaciones del mundo real donde las apuestas son altas

Los investigadores también se plantean investigar si sus resultados de laboratorio se aplican en situaciones del mundo real donde las apuestas son altas

Tannenbaum es un experto en una técnica llamada disociación de proceso, que permite a los investigadores descubrir y medir la importancia relativa de diferentes factores en un proceso de decisión. Para el trabajo, los investigadores hicieron seis estudios separados con seis grupos de personas diferentes, incluyendo hablantes nativos de inglés, alemán y español. Cada uno también hablaba uno de los otros idiomas, de modo que todas las combinaciones posibles estaban igualmente representadas. Cada persona fue asignada al azar para usar su lengua materna o su segundo idioma durante el experimento.

Los participantes tenían que leer una serie de escenarios pareados que variaron sistemáticamente de maneras clave. Por ejemplo, en lugar de matar a un hombre para salvar a cinco personas de la muerte, se les podría preguntar si lo matarían para salvar a cinco personas de heridas leves. El acto tabú de matar al hombre es el mismo, pero las consecuencias varían.

“Si tienes bastantes de estos escenarios emparejados puedes comenzar a calibrar cuáles son los factores que la gente está prestando mayor atención” afirma Hayakawa. “Encontramos que las personas que usaban un idioma extranjero no estaban prestando más atención a las vidas salvadas, pero definitivamente tenían menos aversión a romper este tipo de reglas. Así que “si uno se hace la pregunta clásica: ¿Es la cabeza o el corazón?, parece que la lengua extranjera llega al corazón”.

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Investigaciones futuras

A partir de aquí el equipo de investigadores estudiará por qué sucede este comportamiento. ¿El uso de una lengua extranjera obstaculiza la visualización mental de las consecuencias de las acciones de las personas, contribuyendo a su mayor disposición a hacer el sacrificio? ¿Y crean menos imágenes mentales debido a las diferencias en cómo afecta el uso de la lengua extranjera en los recuerdos que vienen a la mente?

Los investigadores también se plantean investigar si sus resultados de laboratorio se aplican en situaciones del mundo real donde las apuestas son altas. Un estudio que el equipo de Keysar está iniciando en Israel examina si las partes en una negociación de paz evalúan la misma propuesta de manera diferente si lo ven en su propio idioma o en el idioma de su socio negociador. También interesa saber si el lenguaje puede ser considerado útil en las decisiones tomadas por los médicos que hablan una lengua extranjera. En la misma línea, Albert Costa y su equipo en la UPF están evaluando si el contexto lingüístico puede afectar las decisiones sobre alimentos reales y, por tanto ayudar a promover dietas más saludables. Según Costa, “esta línea de investigación es muy relevante en el mundo globalizado actual donde millones de personas usan un idioma extranjero a diario” y “tal vez se puede usar el contexto del lenguaje para empujar a la gente hacia mejores decisiones”.

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Referencia bibliográfica: 
Hayakawa S; Tannenbaum D; Costa A; Corey J; Keysar B. Thinking more or feeling Less? Explaining the foreign-language effect on moral judgement. Pshycological Science. August, 2017. DOI: 10.1177/0956797617720944
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