Un Mioceno lleno de “monos”

Gorila, bosques de Gabón / Foto: David Rabadà

Aunque el término “mono” sea coloquial y nada científico, hace unos 16 millones de años, y en los bosques de Eurasia, estos evolucionaban con gran profusión. Uno de estos grupos fueron los simios cuya línea hacia los orangutanes ya había empezado. Eso ha llevado a pensar que quizás los simios asiáticos devinieran los antecesores de los africanos.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista @DAVIDRABADA

Es decir, primero los simios se diversificaron por Eurasia y luego migraron hacia África. Diversos fósiles hallados en Cataluña, y publicados por el equipo del IPS, así lo parecen indicar. De hecho, y entre los 16 y los 8 millones de años, aquellas selvas ocupaban un tapiz bastante continuo desde Eurasia hasta África. En tales forestas, y a decir por los fósiles hallados, evolucionaron gran cantidad de antropomorfos. Bosques relictos de aquellos tiempos, aunque no idénticos, los podemos ver en algunas de las islas Canarias, sus laurisilvas. Merece especial mención la de la isla de La Gomera.

En aquellos tiempos algo estaba a punto de iniciar uno de los mayores ríos del mundo. Los Andes, y hace unos 16 millones de años, ya ostentaban cierta elevación en su parte noroccidental. Aquello estaba provocando el cambio gradual de drenaje de los ríos en Sudamérica. Si antes éstos desaguaban hacia el oeste ahora los Andes modificarían sus cursos. El ascenso de esta cordillera provocó que nuevas cuencas fluviales drenaran hacia el este. En ello un venidero Amazonas desaguaría al contrario que sus antecesores.

Laurisilva, isla de La Gomera / Foto: David Rabadà

Pero los Andes no sólo estaban desviando cauces aluviales sino que hace unos 15 millones de años la elevación de éstos, más otras grandes cordilleras como el Himalaya, los Alpes, Rocosas, Zagros y Pirineos, seguían produciendo mastodónticas murallas ante los vientos cálidos y húmedos de los océanos. Ello, más la gran captación de dióxido de carbono por parte de la meteorización y erosión de los relieves, reforzó el descenso de las temperaturas vigente durante el Neógeno.

Quizás fruto de la disgregación de las masas forestales, hace entre 12 y 10 millones de años se separaron las líneas asiáticas y africanas de simios

Además el gran casquete glacial sobre casi toda la Antártida seguía aumentando el albedo de todo el planeta. Y cabe sumar a lo anterior que Groenlandia se quedó aislada de Norteamérica con el aumento de las corrientes árticas a su alrededor y el consecuente crecimiento de sus glaciares ya existentes por el Ártico. En fin, más albedo y radiación reflejada al exterior y menos calor disponible para la atmósfera terrestre. Ello iba, y de manera gradual, cuarteando la grandes masas forestales del planeta en favor de espacios más abiertos y adaptados a los nuevos climas temperados.

De hecho, y quizás fruto de la disgregación de las masas forestales, hace entre 12 y 10 millones de años se separaron las líneas asiáticas y africanas de simios. La primera tendría como representante actual al casi bípedo arborícola orangután, mientras que por África evolucionaría el andar sobre nudillos con los representantes actuales del bonobo, chimpancé y gorila. En épocas similares, y bajo forestas y claros, comenzaron a evolucionar, y desde también antecesores asiáticos, los felinos modernos hacia los actuales tigres y leones.

Cebra en la sabana de Kenia / Foto: David Rabadà

Pero la faz de la Tierra seguía cambiado sobre nuevos relieves que invertían los cursos fluviales y los vientos marinos. Hace unos 10 millones de años el Amazonas ya drenaba hacia el este debido a unos Andes imponentes. Además aquella gran muralla, y al cortar las brisas húmedas, potenciaría el gran desierto de Atacama al oeste.

Por la misma época, y más exactamente entre los 10,8 y los 9,7 millones de años, el nivel del mar descendió de manera global (regresión) provocando el aislamiento de muchas masas continentales. Aquello pareció favorecer el paso de muchos mamíferos de Asia hacia África. Por ejemplo muchos felinos y antropomorfos así lo hicieron dándose en general una gran diversificación entre más mamíferos. La propia línea evolutiva de los gorilas parece ser que se separó en aquella época, como también la propia evolución de las primeras hienas. En resumidas cuentas estábamos delante de una nueva radiación adaptativa de los mamíferos.

Cercopiteco, Indonesia / Foto: David Rabadà

Pero a finales de aquel Mioceno algo ocurrió por África que cambió por completo esta Evolución en la Tierra. Hace unos 6 millones de años unos primeros simios bípedos, y de encéfalo pequeño, comenzaron a diversificarse por aquellos bosques. Su andar erguido no era como el marchador del género Homo de campo abierto, más bien era un mantenerse derecho sobre algunas ramas de los árboles, algo que todavía hace el actual orangután. Aquel rasgo en breve sería utilizado por otros descendientes que evolucionarían de manera distinta, hacia la línea bípeda y marchadora de Homo.

El final del Mioceno vino marcado por algo, aunque muy discutido, que cerró un gran escenario. Entre los 5,7 y los 5,3 millones de años el Mediterráneo perdió su conexión con el Atlántico. El choque de África con Iberia cerró el paso marino entre ambos y se inició la llamada crisis del Mesiniense. El balance hídrico de la cuenca era negativo ya que la lluvia solo aportaba el 10 % del agua a este mar. Es decir el 90 % del agua del Mediterráneo procedía del Atlántico. Ante aquel cierre los ríos no compensaban la evaporación del Mediterráneo y éste comenzó a desecarse cayendo su nivel unos 1.500 metros. El proceso quizás sólo duró unos 2.000 años (ver el Nature de diciembre de 2009) pero fue suficiente para dejar al descubierto las plataformas marinas. Estas fueron excavadas por intensos cañones fluviales, hoy vigentes bajo el mar, creándose en sus fondos grandes depósitos salinos en sus cuencas endorreicas.

Pero cerca de los 5,4 a los 5,3 millones de años el Atlántico se abrió paso entre Huelva y Alicante, algo que llenó de nuevo el Mediterráneo en unos escasos 2 años (ver el Nature de diciembre de 2009). Aquello diluyó de sales los océanos hasta un 6 % menos, algo que algunos expertos relacionan con un aumento de glaciares en el Ártico. Durante todo aquel intervalo la cuenca del Ebro todavía no estaba conectada al Mediterráneo ya que su nivel de base se hallaba muy elevado. Fue durante el próximo Plioceno que las cosas cambiarían.

Este artículo es la continuación de una serie titulada “Evolución en la Tierra“, a cargo de nuestro colaborador científico, David Rabadà.

Entrega anterior: El Neógeno y la nueva extinción (entrega 33)

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2 Comentarios

  1. ¿ Existe tambien esta teoría que cree que el cierre del Istmo de Panamá habría causado cambios en las corrientes oceánicas y también unas sequías en África ?
    Los grandes simios arbóreos se habrían entonces visto obligados a descender de los árboles para aventurarse en la sabana para buscar comidas .
    Poco a poco, por lo tanto, se habrían visto obligados a abandonar la posición de 4 patas para una posición a 2 patas ???? A SABER …

  2. Gracias por su comentario estimado Jacques.
    En cuanto a la expansión de los claros durante el Plioceno y Pleistoceno, no sólo el tema del Istmo pudo influir, si no que el proceso ya había empezado mucho antes bajo muchos más factores que se han detallado en capítulos anteriores. De todas formas, y en ciencia, todo debe estar abierto a nuevos datos y razonaminetos.

    Gracias por su colaboración

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