“Los humanos, a menos que vivamos en el 1984 orwelliano, sabemos que podemos desobedecer”, opina Jahanbegloo / Pixabay

“Mientras nos mantengamos como seres creativos y críticos, habrá esperanza”

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Ramin Jahanbegloo, defensor de la no violencia galardonado con el Premio de la Paz de la Asociación de las Naciones Unidas en España, impartió la ponencia “How to Democratize Democracies” en un acto organizado por el Consejo Social de la UAB.

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UAB / El pensador iraní Ramin Jahanbegloo es profesor de ciencia política en la Universidad de Toronto y un destacado experto en el contexto político de su país y en la filosofía de la no violencia, entre otras materias. El 5 de julio, participó en el diálogo “Un mundo convulso. ¿Hacia dónde nos lleva?” junto con Rafael Bisquerra, Alfons Cornella, Sara Moreno y Carlota Pi. El acto estaba organizado por el Consejo Social de la UAB dentro de los actos de conmemoración del quincuagésimo aniversario de la universidad.

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Buena parte de sus libros son diálogos con otros pensadores como George Steiner o Isaiah Berlin. ¿Qué tiene de particular el diálogo como forma de transmisión del conocimiento?

El diálogo ha jugado un papel muy importante en mi pensamiento filosófico. Las bases del diálogo que he entablado con personas de diferentes culturas ha sido principalmente el diálogo socrático. Quizás no obtienes respuestas definitivas sino aporías, como en los diálogos platónicos; lo realmente importante son las preguntas. Era estudiante cuando escribí esos libros de diálogos con Steiner y Berlin, y luego otros más breves con Noam Chomsky, Jacques Derrida, Emmanuel Lévinas, Paul Ricoeur… Siempre había preguntas en mi mente y buscaba la respuesta en otras personas; pero nunca encuentras las respuestas definitivas porque no existen. El cuestionamiento es lo más importante para los humanos: sin preguntas, no tenemos libertad, y sin libertad, no tenemos preguntas.

Ramin Jahanbegloo, filósofo político iraní, defensor de la no violencia / UAB

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En un artículo suyo, publicado en El País, decía que la decisión de Donald Trump de retirarse del acuerdo nuclear con Irán aumenta el peligro de que haya una guerra. ¿Se ve así también en la sociedad iraní?

Mucha gente en la sociedad iraní está preocupada sobre si Irán tendrá el mismo destino que Afganistán, Irak, Siria o Libia y se convertirá en un Estado fallido. Un lunático en el poder, ya sea en Estados Unidos, en Brasil o en Oriente Medio, puede provocar muchos desastres. Me preocupa porque no quiero ver a Irán metido en una guerra con Israel o Arabia Saudí, o en una guerra sectaria entre wahabitas y chiitas, o en una guerra en la que se involucren los Estados Unidos. Irán ya está en parte destruido ecológicamente; con una guerra, sería aún peor.

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¿Cuánto hace que no viaja a Irán? ¿Puede volver con normalidad, podrían volver a detenerle?

Dejé Irán hace diez años, cuando salí de prisión. No he vuelto porque hay un proceso contra mí y podrían encarcelarme. Muchas personas, particularmente intelectuales, corren ese riesgo. Y, si te encarcelan en Irán, no tienes acceso a un abogado y es muy difícil sacarte de prisión. Tengo muchos amigos que volvieron y han pasado hasta dos años entre rejas. Y, de hecho, ya no tengo mucha familia allí, por lo que mi contacto con Irán es más bien cultural.

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Ante la emergencia de figuras como Trump o Matteo Salvini, y ante fenómenos como el Brexit y el auge de los nacionalismos en Europa, ¿qué se puede hacer para preservar los valores democráticos?

“Necesitamos una nueva educación política y más madurez para que la ciudadanía no vote a los partidos populistas”

Necesitamos una nueva educación política y más madurez para que la ciudadanía no vote a los partidos populistas. Siempre digo que hay “tres ces” que son ahora predominantes en muchas democracias liberales: conservadurismo, complacencia y conformismo. Es muy peligroso. Hoy en día, parece que haya dictadores electos: presidentes o primeros ministros como Viktor Orbán que no tienen que rendir cuentas en absoluto por lo que hacen. Pero sí deberían responder a nuestras preguntas: ¿por qué tratan a los refugiados como los tratan? ¿Por qué Recep Tayyip Erdogan echa del trabajo a 100.000 personas por una decisión política?

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¿Deberíamos recuperar el concepto de la desobediencia civil?

Los europeos y norteamericanos tienen el elemento de la desobediencia en su cultura revolucionaria: la revolución francesa, la revolución americana, la Magna charta libertatum inglesa, la Guerra Civil española y muchos otros episodios de lucha contra las dictaduras, los fascismos y la opresión. Sólo las máquinas están incapacitadas para desobedecer: los humanos, a menos que vivamos en el 1984 orwelliano, sabemos que podemos desobedecer. Lo importante es ser rebelde y pensar en términos de libertad, no sólo en términos de soberanía y poder.

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Parecemos estar más comunicados que nunca pero quizás somos menos conscientes, ¿no cree?

“Para mí, lo más importante es la idea de patrimonio, y las generaciones más jóvenes desconocen ese concepto”

Siempre digo que estamos más conectados que nunca pero no interconectados. Recibimos una cantidad enorme de información a través de Facebook, Google, Yahoo, Instagram, Telegram, etc. Para mí, lo más importante es la idea de patrimonio, y las generaciones más jóvenes desconocen ese concepto. Se consideran libres de elegir entre Ludwig van Beethoven y Gorillaz (la banda), y eligen Gorillaz. Y piensan que Gorillaz es como la novena sinfonía de Beethoven, Così fan tutte o la quinta de Mahler. Eso es relativismo. Los jóvenes no tienen bagaje cultural. Ahora estoy dando clases en la India y veo que los alumnos indios no leen clásicos: la Biblia, Upanishad, Shakespeare, Dante… Explicaba en The Decline of Civilization que, cuando el patrimonio humano se pierde, vamos hacia una sociedad de “descivilización”: una sociedad en la que todo es utilitario e instrumental, y la educación y la política pierden su sentido.

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¿La no violencia ha sido una estrategia eficaz? ¿Qué resultados ha obtenido?

Estudios realizados por muchos politólogos muestran que, en los últimos cien años, los movimientos no violentos han tenido más éxito que los violentos. Muchas de las revoluciones violentas han fracasado, han derivado en totalitarismos o regímenes dictatoriales. Pero los movimientos no violentos como el de la India, el movimiento a favor de los derechos civiles de Martin Luther King o la revolución tunecina han logrado promover la democracia liberal y han sido capaces de mantener a la sociedad civil en la lucha pacífica continua.

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¿Tienen vigencia las ideas de los referentes de la cultura de paz que usted reivindica, como Martin Luther King, Mahatma Gandhi, Nelson Mandela o Khan Abdul Ghaffar Khan?

Sí, mucha validez, dado que vivimos en un mundo más violento. Tenemos que entender por qué personas como Gandhi o M.L. King condenaban la violencia: no sólo se trata de religión sino también de cómo los seres humanos pueden reemplazar la violencia por la empatía o la amistad. En el mundo de hoy, cuando enciendes la televisión o lees las noticias, ves un montón de violencia; los medios ofrecen noticias muy sensacionalistas. Hubo un tiempo en el que no necesitábamos esas sensaciones sino empatía y sentimientos. Por ejemplo, Germinal, de Émile Zola, que trata sobre mineros en situaciones difíciles, genera mucha empatía con personas que sufren. Cuando la gente la leía en el siglo XIX, conectaba con los personajes. Lo mismo pasaba con Dostoyevski o Tolstoi: ¿por qué Ana Karenina se lanzaba al tren?

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¿Puede la voz de la universidad jugar un papel en defensa de los valores democráticos?

“Soy muy pesimista porque considero que la humanidad se está volviendo cada vez más estúpida”

Sí, pero la tragedia es que las universidades de todo el mundo se han convertido en fábricas de diplomas. Los jóvenes van a las universidades con la idea de obtener un título y sólo necesitan aprobar sus exámenes, tener buenas notas y conseguir un trabajo. La universidad no va de eso: originariamente, trata sobre universitas -universalidad- y humanitas -humanidad-, de las que hablaban los latinos como Cicerón. Cuando sales de la universidad, te has convertido en una persona instrumental, como en los Tiempos modernos de Charles Chaplin. Muy pocos se van a convertir en escritores, poetas o filósofos. Los estudiantes, en todos los sitios en los que imparto clases -en Canadá, en Estados Unidos, en India o aquí-, sólo quieren seguir el plan de estudios, y yo les digo que lo interesante está fuera, en lo que tú eliges leer. Tienen que saber que Dylan Thomas, W.H. Auden, Jorge Luis Borges o Gabriel García Márquez son parte del patrimonio humano.

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¿Es usted más bien optimista o pesimista respecto al futuro humanidad?

Soy muy pesimista porque considero que la humanidad se está volviendo cada vez más estúpida. Pero soy optimista en el sentido de que el ser humano aún tiene la rebeldía y el sentimiento de la libertad. Por otra parte, mucha gente dice que no podemos tener siempre un Picasso o un Miró. No es verdad. Un ejemplo: Olivier Messiaen compuso una ópera titulada Saint François d’Assise. Ya sabe que San Francisco hablaba con los animales; en una entrevista, Messiaen dijo que fue al bosque para escuchar el canto de los pájaros y traducirlo a notas musicales. Ésa es la enorme capacidad creativa que todavía tenemos pero necesitamos saber cómo explotarla: cómo convertir todo eso en un “elemento de compasión”, como diría Camus, un elemento de empatía que pueda cambiar la vida de otras personas. Mientras nos mantengamos como seres creativos y críticos, habrá esperanza.

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