Las partituras de Iamus son equiparables a las de compositores profesionales

Un grupo de investigación de la Universidad de Málaga desarrolla un ordenador que compone música clásica

Supone una revolución en el campo de la Inteligencia Artificial

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Un grupo de investigación en Inteligencia Computacional de la Universidad de Málaga ha diseñado y programado un superordenador que puede componer música clásica. El ordenador, bautizado como “Iamus”, es el primer sistema no humano que puede producir una partitura de música indiferenciable de obras de compositores profesionales.

F.Vico, Iamus y un piano. Imagen: Universidad de Málaga.

El trabajo de este grupo de investigación, encabezado por Francisco José Vico Vela, catedrático de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial, se basa en la aplicación de técnicas de Biomimética (ingeniería que copia de la biología).

Iamus es el primer gran ejemplo de las posibilidades creativas que se abren mediante la aplicación al lenguaje computacional de la evolución darwiniana y la genética de los seres vivos.

Con el desarrollo de este ordenador, el grupo de investigación de la UMA ha realizado una aportación muy importante para dar respuesta a la pregunta básica que se formuló Alan Turing, cuyo centenario se celebra este año, cuando comenzó a trabajar en los primeros desarrollos de Inteligencia Artificial (IA). “¿Pueden las máquinas pensar?”, fue la pregunta formulada por el padre de la IA y que aún hoy sigue sin tener una respuesta clara y definitiva. La aportación de Iamus para encontrar una respuesta a esta pregunta reto de Turing puede resultar decisiva.

Cuando el equipo de investigación logró los primeros resultados de Iamus, en forma de partituras, quedaba pendiente determinar la calidad de estas composiciones. Para tratar de despejar dudas se diseñó un recopilatorio de obras de clásica contemporánea, que incluía diferentes formaciones de orquesta de cámara y también orquesta completa.

Iamus compuso 800 obras en total, de entre las que se seleccionaron diez. Estas obras han sido grabadas por intérpretes profesionales, incluyendo la London Symphony Orchestra, y el disco resultante se editará en los próximos meses. Como adelanto, el pasado 15 de Octubre se estrenó en Tenerife la primera obra (para piano, clarinete y violín) en el marco del Festival de música Keroxen, con notable éxito.

Iamus se ha convertido, de la noche a la mañana, en un compositor prolífico, aceptado, e incluso aplaudido. No obstante, la irrupción de un ordenador en la escena musical tiene muchas implicaciones.

La opinión generalizada (de músicos expertos y de profanos) ante las obras de Iamus, es que realmente transmite emociones, lo que plantea un profundo dilema: ¿cómo puede una máquina expresar algo que no siente? Y también algunas dudas: ¿expresa el compositor esos sentimientos?, ¿en qué medida es el intérprete el que aporta la expresividad?, ¿o quizás es el oyente el que conforma la emoción, en función de su cultura musical y estado de ánimo?

La potencia computacional de Iamus no sólo le permite componer a un ritmo frenético día y noche (una obra de cinco minutos de duración para un único instrumento le ocupa unos 8 minutos), también hace posible aplicaciones de la música que hasta ahora no eran imaginables. En sólo unos meses, Iamus ha creado un ingente repositorio de temas musicales, disponibles en sus formatos de audio (MP3), de partitura (PDF) y editables (MIDI y XML).

Esto acelerará el proceso creativo de los compositores y también aportará originalidad a la obra final. Pero, además, posibilitará a personas sin conocimientos del lenguaje musical hacer sus propias obras, de la misma forma que la cámara digital permite crear obras gráficas de un modo que antes sólo hacían los pintores. Este mercado musical se comercializa a través de una Spin-Off académica impulsada por la Universidad de Málaga (http://melomics.com) y puede cambiar por completo el panorama musical actual.

Se cumplen ahora 15 años desde que en 1997, el mundo contempló la derrota del incuestionable campeón, Gary Kasparov, en un campeonato a seis partidas frente a Deep Blue, un ordenador construido y programado por IBM para dominar el juego más humano: el ajedrez.

El año pasado la televisión estadounidense transmitió la participación de otro ordenador de IBM en el juego de preguntas y respuestas Leopardy!, en el que Watson demostró su dominio del conocimiento y lenguaje humanos, imponiéndose en dos juegos a los campeones. Dos hitos que asombraron al mundo por las implicaciones que podrían tener estos procesos de IA capaces de superar a seres humanos en actividades que le eran propias.

Pero, en cualquier caso, ambos ejemplos se trataban más de una demostración de fuerza, de capacidad de análisis y de desarrollo de procesos combinatorios, que de procesos cognitivos, que seguirían estando reservados a los seres humanos. Iamus rompe esa barrera, ya que su trabajo implica claramente el terreno de las emociones y de los procesos cognitivos, lo que supone un avance espectacular en el campo de las aplicaciones y los fundamentos de la IA.

En los próximos años, el modelado de la inteligencia humana y su implementación en potentes ordenadores ayudará a comprender el funcionamiento de nuestro cerebro: la percepción y los procesos cognitivos implicados en la imaginación, la creatividad y el razonamiento. Iamus es un paso más en esta dirección y escuchando sus obras no cuesta aceptar que los ordenadores, definitivamente, han demostrado que pueden ser creativos. Esta vez, para aliarse al ser humano, no para derrotarle.

La página web de The Guardian publica  un amplio reportaje sobre las posibilidades de Iamus.

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