Un Plioceno con Pleistoceno

Bóvidos, prados de Galicia / Foto: David Rabadà

Después de la crisis del mesiniense, y hace uso 5,3 millones de años, comenzó el llamado Plioceno. Fue poco después, hace unos 5 millones de años, que la cuenca mediterránea, y retroexcavando hacia el oeste sus cañones, capturó la antigua cuenca del Ebro que drenaba hacia el noroeste. Grandes depósitos marinos en el surco de Valencia se han hallado como prueba de ello.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista @DAVIDRABADA

Así fue como el Ebro se abrió al Mediterráneo por el sureste y propició la intensa excavación de valles profundos en el sur de los Pirineos. Pero aquel contexto local se quedaba pequeño ante un magnánimo Himalaya y unos Alpes que habían aminorado y detenido su ascenso.

Mientras, y por las crecientes praderas, la dispersión de los bóvidos se hacía patente con nuevas especies de hipopótamos que también se diversificaban por ríos y lagos. En fin, el creciente número de ecosistemas entre continentes separados, grandes cordilleras internas y dispersión de los bosques y claros, estaba impulsando la gran diversificación de los mamíferos iniciada hacía ya millones de años. De hecho la expansión de claros, prados y sabanas estaba ganando poco a poco terreno a bosques, junglas y selvas, algo que iba a impulsar un nuevo modo de locomoción entre los simios.

Canguro rojo, desierto de Australia / Foto: David Rabadà

Cerca de los 4 millones de años ya existían simios bípedos marchadores como nosotros. El género Australopithecus dio testimonio de ello. Pero este todavía poseía un cerebro pequeño y equivalente al de un chimpancé. Es decir el andar erguido no vino acompañado de grandes magines sino sólo de piernas y brazos largos mientras los mares, y de manera bastante global, descendían entre los 4 y los 3,2 millones de años. Cercano a ese momento el ismo de Panamá se cerró entre los dos continentes americanos. Justamente entre los 3,7 y los 3 millones de años el puente entre ambas américas se abrió.

Cerca de los 4 millones de años ya existían simios bípedos marchadores como nosotros. El género Australopithecus dio testimonio de ello

Algunos expertos han propuesto que tal suceso desvió las corrientes atlánticas hacia al norte y que al ser cálidas elevaron gran cantidad de nubes y precipitaciones dando más nieve al Ártico. Bajo tal hipótesis la banquisa ártica le resultaba más fácil crecer que antaño mientras los periodos de enfriamiento se hicieron más acusados en las zonas polares y templadas del planeta. De hecho entre los 3,2 y 3,1 millones de años el clima en Iberia se consolidó más seco con veranos tórridos como los actuales. También las islas Canarias, y el mismo Mediterráneo, y ante el cambio de corrientes, pasaron de un clima tropical a un subtropical (Villafranquiense).

Tigre de Bengala, bosques de la India. / Foto: David Rabadà

Pero lo más inequívoco del cierre entre los continentes americanos fue que los carnívoros placentarios del norte comenzaron a hacer estragos por el sur. Aquello redujo, entre otros grupos, las poblaciones de marsupiales que les quedó Australia para diversificarse. Pero la migración de organismos americanos no fue unidireccional sino que ambos intercambiaron especies.

Por ejemplo, y desde el norte, entraron llamas, venados, caballos, pumas, dientes de sable, osos, y roedores. Desde el sur avanzaron perezosos y aves corredoras gigantes. Y lejos de América, en Asia, evolucionaban nuestros gatos salvajes que supimos domesticar mucho más tarde, durante el Neolítico hace más de 10.000 años.

Lenguas glaciares en Ladakh, Himalaya de la India / Foto: David Rabadà

A finales del Plioceno se intensificaron las estaciones frías en las franjas temperadas animando todavía más a la expansión de la sabana en detrimento de la foresta. Los paisajes subtropicales de sabana y bosques mixtos en las latitudes templadas comenzaron a evolucionar hacia los bosques mediterráneos. En consecuencia prosiguió la diversificación de un gran número de grupos incluidos los simios.

Fue en este final cuando una nueva dinámica de avances y retrocesos de los glaciares se dio cita por toda la Tierra bajo los ciclos del serbio Milutin Milankovitch

Fue en este final cuando una nueva dinámica de avances y retrocesos de los glaciares se dio cita por toda la Tierra bajo los ciclos del serbio Milutin Milankovitch (Ver: Los cambios en la Tierra, una oportunidad biológica). Esto comenzó hace unos 2,58 millones de años iniciando el llamado Pleistoceno. Aquellos ir y venir de los hielos excavaron grandes valles, y otras morfologías glaciares, hoy observables por la inmensa mayoría de cordilleras terrestres.

Caballo en el invierno de Islandia / Foto: David Rabadà

Mientras los cánidos, los caballos y los paquidermos, entre otros, se diversificaban con gran profusión conjuntamente con los primeros atisbos de Homo por África. En todo ello Europa gozaba de una gran diversidad de árboles y arbustos que se consolidaría con la vegetación mediterránea actual. Pinos y encinares fueron ejemplo de ello.

Al final, y cerca de los 2 millones de años, el género Homo estaba bien patente con una clara encefalización. Pero los cambios climáticos crearon nuevos ecosistemas forzando la evolución de aquellos humanos primitivos. Cerca de los 0,8 millones de años muchas biotas y bosques quedaron alterados bajo una mayor frecuencia de las glaciaciones. Quizás a parir de aquello el género Homo se diversificó, cosa que el registro fósil así ha confirmado.

Cerca de los 0,5 millones de años surgieron los primeros sapiens arcaicos con capacidad de habla articulada y gran potencial de antelación en sus actos. Cerca de los 0,3 millones de años evolucionaron los primeros sapiens modernos que se dispersaron por los cinco continentes en distintas diásporas.

Al final, y hace unos 11.000 años, estos comenzaron el abandono de sus costumbres nómadas bajo la caza y la recolección para desarrollar la domesticación de plantas y animales. Ello comenzó a impactar algunos ecosistemas vegetales de manera leve y gradual, aunque aquello tuvo su mayor incidencia durante la edad de Bronce hace más de 4.000 años. Es decir, la eliminación de bosques y matorrales comenzó a generalizarse bajo la mano de la humanidad.

Cerca de los 0,5 millones de años surgieron los primeros sapiens arcaicos con capacidad de habla articulada y gran potencial de antelación en sus actos

La aparición de los primeros imperios militares y de sus expansiones territoriales impulsaron todavía más los avances tecnológicos. En pocos milenios estas mejoras avanzaron a gran velocidad hasta volverse exponenciales cerca del siglo XVIII. Ello conllevó un mayor confort, una mayor longevidad y una menor mortalidad, es decir, una mayor reproducción.

En definitiva, y muy recientemente, la Revolución Industrial hizo que Homo deviniera una plaga para el planeta con el riesgo de su defunción. Nuestra flexibilidad social, cultural y tecnológica, más la gran capacidad de programar nuestras acciones futuras, nos han permitido colonizar casi todos los ecosistemas terrestres desplazando a muchas especies en ello.

El impacto humano por la Tierra se ha hecho global y con él un nuevo concepto. Por ello hay quien dice que hemos comenzado una nueva etapa geológica, el Antropoceno, pero ¿resulta válida ésta?, ¿o estamos ante otro prejuicio en nuestra Evolución en la Tierra?

Este artículo es la continuación de una serie titulada “Evolución en la Tierra“, a cargo de nuestro colaborador científico, David Rabadà.

Entrega anterior: Un mioceno lleno de monos (entrega 34)

Ver todas las entregas

Dejar comentario

Deja tu comentario
Pon tu nombre aquí