Una universidad para mujeres en Somalilandia

Pilar Pastor se ocupa de tareas relacionadas con la financiación y la construcción de la nueva universidad / UPM

“Es muy importante la labor de los ingenieros en los países en vías de desarrollo”

 

Pilar Pastor trabaja en la puesta en marcha de una universidad para mujeres en Somalilandia, un proyecto en el que ha colaborado RISE, grupo de cooperación de la ETSIAAB.

 

UPM / La educación de las mujeres como herramienta para el desarrollo de todo un país. Es la idea que mueve a Pilar Pastor, una psicóloga madrileña que trabaja en la puesta en marcha de una universidad femenina en el Cuerno de África.

El centro se levanta cerca de Hargeisa, la capital de Somalilandia, un territorio que se escindió de Somalia en 1991 tras una brutal guerra civil

El centro se levanta cerca de Hargeisa, la capital de Somalilandia, un territorio que se escindió de Somalia en 1991 tras una brutal guerra civil, aunque sigue sin obtener el reconocimiento internacional como Estado independiente.

La primera fase de la Universidad Barwaaqo es una Facultad de Magisterio donde ya se forman 75 futuras profesoras de educación primaria. Red de Ingeniería Solidaria y Educativa (RISE), un grupo de cooperación para el desarrollo con sede en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica, Alimentaria y de Biosistemas (ETSIAAB), ha colaborado en el proyecto con el diseño de una instalación eléctrica alimentada por paneles solares. “Es muy importante la labor de los ingenieros en los países en vías de desarrollo”, subraya Pastor al referirse a los muchos retos que tienen por delante.

La nueva universidad se asienta sobre el éxito de una escuela de secundaria fundada en 2009 por Jonathan Starr, un estadounidense que abandonó una próspera carrera en las finanzas para lanzarse a esta aventura, animado por las historias sobre el país que le contaba de pequeño un tío de origen somalí.

La desconfianza inicial de la población local se diluyó al lograr muchos de los graduados, aproximadamente la mitad, ingresar en universidades extranjeras

El colegio Abaarso arrancó con dinero de su propio bolsillo, y después de unos años de funcionamiento empezó a recibir financiación de organizaciones de ayuda al desarrollo. Estos fondos, así como las donaciones de ciudadanos particulares, permiten becar a los alumnos, pues la mayoría de ellos proceden de familias sin recursos económicos.

La desconfianza inicial de la población local se diluyó al lograr muchos de los graduados, aproximadamente la mitad, ingresar en universidades extranjeras, principalmente estadounidenses, incluidas Harvard, Yale o el MIT.

“Como el colegio va tan bien, el equipo decidió dar un paso más y abrir una universidad para mujeres con el objetivo inicial de formar profesoras”, explica Pastor, quien antes de incorporarse al proyecto había trabajado durante tres años en EE UU en temas de educación y sanidad en el Banco Mundial.

“La guerra dejó sin educación a una generación y no hay profesores que sean muy buenos en el país. Los mejores colegios los traen de fuera, sobre todo, de Kenia. Nuestra meta es desarrollar la educación a un nivel local, conseguir que en pocos años los propios somalíes eduquen a sus niños, y de ahí la razón de empezar con una Facultad de Magisterio”. No obstante, el plan es abrir otras escuelas. “Queremos hablar con las empresas del país y ver qué se necesita”.

Y ¿por qué una universidad solo femenina? “Porque Somalilandia es un país en que las mujeres lo tienen más difícil

Y ¿por qué una universidad solo femenina? “Porque Somalilandia es un país en que las mujeres lo tienen más difícil. Muchas familias no apoyan su educación ni, más tarde, que trabajen”. Pastor reproduce lo que le confesó una joven para ilustrar la situación: “Una mujer decide aquí ir a la universidad para ser mejor novia, una mejor esposa; con estudios es más fácil que encuentres un marido o que la familia de un hombre decida que seas su mujer. Pero la idea no es que tú estudies para luego trabajar, sino ser una mejor candidata para el matrimonio, y en el momento en que te casas, ya dependes de tu marido y no trabajas”. Esta mentalidad está cambiando, pero aún hay mucho camino por recorrer. “Por ello, queremos dar más oportunidades a las mujeres en un país donde tienen menos que los hombres”.

La Universidad Barwaaqo se inauguró en octubre de 2017 con 25 alumnas. En el presente curso se han incorporado 50 nuevas jóvenes. El proceso de selección consta de un examen y de una entrevista. Sin embargo, Pastor indica que el resultado del primero nunca es determinante porque la mayoría de las aspirantes no ha tenido la oportunidad de recibir una educación de calidad.

La Universidad Barwaaqo se inauguró en octubre de 2017 con 25 alumnas. En el presente curso se han incorporado 50 nuevas jóvenes

“Si vemos que una chica tiene motivación y ganas de trabajar fuerte, eso es más importante que haber sacado mayor o menor nota en un examen”. Tampoco la renta familiar es un obstáculo gracias a las becas. “Nadie que se esfuerce va a quedar fuera por motivos económicos”.

 

Cambiar el futuro

Además de enseñar Matemáticas y Psicología de la Educación, Pilar Pastor se ocupa de tareas relacionadas con la financiación y la construcción de la nueva universidad. Por mediación de un familiar que es titulado por la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), conoció la labor altruista que realiza Red de Ingeniería Solidaria y Educativa (RISE). “Cuando escuché su trabajo, me pareció una maravilla porque es justo lo que necesitamos”. Reconocido como tal en 2009, este grupo de cooperación para el desarrollo con sede en la ETSIAAB acumula ya un largo historial de proyectos en América y África.

De izquierda a derecha, Jacinto Gil, Miguel Ángel Muñoz, Pilar Pastor y Jorge Morgado. / UPM

El coordinador del grupo de cooperación es Jacinto Gil, profesor de Ingeniería Agroforestal. “Pilar me habló de que uno de sus problemas era la energía, ya que no hay red eléctrica en la zona, y a la vista de las condiciones ambientales del país se pensaba que quizá la mejor opción fuera poner paneles solares fotovoltaicos”, cuenta. El siguiente paso fue contactar con un profesor del grupo que es experto en estas instalaciones, Miguel Ángel Muñoz.

Prácticamente toda la energía eléctrica que se consume en Somalilandia procede de generadores diésel. “Nuestra intención es hacer que la universidad funcione simplemente con paneles solares, algo para lo que no teníamos los conocimientos ni los medios para hacer bien”, afirma Pastor. “Se instalaron en el colegio, pero ha habido muchos problemas, y esta vez, en la universidad, queríamos hacerlo con gente que tuviera más formación y experiencia”.

Pastor cuenta sobre el desarrollo tecnológico que muchos países pobres se han saltado determinadas fases, como ha ocurrido con la telefonía móvil

Muñoz asumió la elaboración del proyecto técnico, que comprende, por un lado, la instalación eléctrica del edificio de la universidad y, por otro, los paneles que captarán la energía solar. Como en otras actuaciones de RISE, que también proporciona la dirección de obra cuando es necesario, se ofreció a un alumno la posibilidad de participar. En esta ocasión, Jorge Morgado, estudiante de último curso del Grado de Ingeniería Agrícola, ha colaborado en el proyecto como parte de sus prácticas curriculares. “Por ahora, hemos realizado el dimensionado de la red eléctrica y enviado los planos a los responsables de la universidad, que lo han pasado ya a la realidad”, indica el alumno.

Pastor cuenta sobre el desarrollo tecnológico que muchos países pobres se han saltado determinadas fases, como ha ocurrido con la telefonía móvil, presente en lugares donde antes no había teléfonos fijos. “Con la energía puede ser igual, pues el generador diésel tiene que dejar de usarse, entre otras razones porque para mucha gente resulta caro, no es rentable”. Por ello, subraya el papel de los ingenieros, en cuanto que “tienen la capacidad de analizar la situación” y proponer e implementar las soluciones tecnológicas más adecuadas. “Se necesita gente con esa formación y experiencia para cambiar el futuro de países como Somalilandia”.

Este reportaje forma parte del número de mayo de ‘Savia’, el boletín de la ETSIAAB.

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