Uniones mixtas entre inmigrantes y nativos

El grado de integración varía según factores como el país de origen del miembro inmigrante, la duración de la residencia, la clase social o el género

Familias mixtas no siempre es igual a integración social

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Un estudio pionero realizado por investigadores de la UAB constata que la integración social de las parejas mixtas de personas nativas e inmigradas es mucho más compleja de lo que se ha teorizado hasta ahora y alerta de la pervivencia de prejuicios étnico-raciales que dificultan su inclusión social.

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UAB / Una investigación de la UAB ha analizado por primera vez en España de forma exhaustiva las dinámicas internas e implicaciones sociales de las uniones mixtas entre inmigrantes y nativos y de sus hijos en relación a su integración social.

La investigación indica que la realidad es mucho más compleja de lo que dice la teoría clásica 

El estudio ha sido realizado por el Grupo de Investigación sobre Inmigración, Mestizaje y Cohesión Social (INMIX) bajo la dirección de Dan Rodríguez-García, profesor del Departamento de Antropología Social y Cultural, y se ha llevado a cabo sobre cerca de 100 parejas mixtas y endógamas (miembros del mismo país) de siete de los colectivos inmigrados con mayor presencia en Cataluña y 50 descendientes de parejas de una gran variedad de países.

“Tradicionalmente se ha planteado que las uniones mixtas son un indicador clave, una especie de ‘último test’, de la integración social de los inmigrantes y minorías étnicas, pues se considera que facilitan procesos como la expansión de las redes personales, la movilidad laboral o la disminución de la discriminación racial y étnico-cultural. Nuestra investigación indica que la realidad es mucho más compleja de lo que dice la teoría clásica de la asimilación y que el aumento de parejas mixtas en España no se corresponde exactamente con una mayor integración social”, explica Dan Rodríguez.

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Un fenómeno de gran complejidad

El estudio revela que la relación entre uniones mixtas e integración no es unidireccional (beneficiosa para el miembro inmigrante), sino más bien segmentada y multidireccional. En algunos indicadores de integración, como el aprendizaje de las lenguas oficiales o la ampliación de las redes personales, se observa una relación positiva por tener pareja nacida en España. Pero este hecho no tiene un efecto claro sobre la inserción o movilidad laboral (ascendiente o descendente), ni está relacionado con una mayor participación política o una mayor identificación con la sociedad de destino.

“Cuando profundizamos en el análisis, el fenómeno es mucho más complejo de lo que parece a simple vista”, señala Dan Rodríguez. “Por ejemplo -continúa- con la cuestión de las redes (integración relacional), hemos visto que los inmigrantes en uniones mixtas tienen más españoles en su red personal que los de uniones endógamas, pero muchas de estas personas son familiares de la pareja nativa y no contactos independientes fuera del ámbito íntimo, con lo que el efecto sobre la integración-interacción social es menor del que pudiera parecer”.

Los inmigrantes en uniones mixtas tienen más españoles en su red personal que los de uniones endógamas, pero muchas de estas personas son familiares de la pareja nativa

En muchos aspectos la integración es bidireccional o de influencia mutua, como en la adquisición de capital humano (por ejemplo el aprendizaje de lenguas) o en la diversificación de las redes; y muchas veces se produce una ‘integración inversa’, donde los nativos emparejados con inmigrantes experimentan una orientación o integración en el mundo social y cultural del cónyuge inmigrado. Este ‘capital social y cultural mixto’ debe entenderse también como algo positivo en términos de integración y cohesión social en un contexto de interculturalidad –o convivencia en la diversidad-, indica el director del estudio.

Además, el grado de integración varía según factores como el país de origen del miembro inmigrante, la duración de la residencia, la clase social o el género. “La unión mixta puede suponer una mayor integración socioeconómica para unos grupos, por ejemplo para los latinoamericanos, y no para otros, como es el caso de los asiáticos, que experimentan movilidad a pesar o justamente a causa de la endogamia; o para un género más que para el otro, por ejemplo, las mujeres en uniones mixtas experimentan una mayor adquisición de capital humano y social que los hombres”, explica el investigador.

Tampoco la endogamia se puede considerar a priori como una opción tradicionalista y anti-integradora. Según Dan Rodríguez, “abordar el tema del mestizaje como si se tratara de la panacea de la armonía social es demasiado simplista y contraproducente.”

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Actitudes de rechazo social

Sin negar que el fenómeno creciente de las parejas y familias mixtas puede suponer un motor para la integración social, en tanto que generan procesos positivos de entendimiento intercultural y reducción de las barreras socioculturales, el estudio también constata que esta realidad no implica necesariamente la erradicación de las divisiones étnico-culturales, así como tampoco las actitudes negativas o discriminatorias hacia otros grupos, lo que dificulta la inclusión y la cohesión social.

Por un lado, existen actitudes de rechazo social hacia su formación, en particular por parte de las familias de los respectivos miembros, y especialmente por la del miembro nativo emparejado con un inmigrante perteneciente a una “minoría visible” o “grupo desprestigiado/minorizado”; es decir, grupos con bajo estatus social por la interpretación negativa de su origen/cultura, como ocurre con la equivalencia reduccionista entre países musulmanes y terrorismo, o entre países africanos y pobreza, y que equivale sobre todo a individuos procedentes de países musulmanes (en particular Marruecos) y del sudeste asiático (principalmente Pakistán). Por otro lado, también existen prejuicios y actitudes discriminatorias dentro de las propias parejas mixtas hacia otros grupos.

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Efecto sobre la categorización social de los hijos

El “criterio pigmentocrático”, que discrimina en función del color de la piel u otras características visibles, puede adquirir cada vez más relevancia en España

La investigación también avanza resultados sobre la categorización social de los hijos de parejas mixtas: entre los identificables como miembros de un ‘grupo visible minorizado o desprestigiado’ en base a su color de piel, acento o indumentaria se produce una ‘disonancia identitaria’, en la que la auto-identificación como ‘catalán’, ‘español’ o ‘mixto’ no coincide con la identidad impuesta socialmente como ‘extranjero’, ‘negro’ o ‘musulmán’. En cambio, entre los descendientes de parejas mixtas con fenotipo ‘blanco/europeo’ o ‘no minorizado’, el rechazo es menor y su multietnicidad o hibridez resulta más ventajosa.

Según el estudio, la discriminación y la disonancia identitaria pueden producir a su vez ‘identidades reactivas’, condicionando negativamente el sentimiento de pertenencia, rechazando el origen del padre o madre inmigrante y limitando el uso del capital mixto o múltiple, lo que repercute en su inclusión social.

“Es un fenómeno que ya han señalado estudios recientes en Estados Unidos, Francia o Reino Unido y que nos alerta sobre el riesgo de que el “criterio pigmentocrático”, que discrimina en función del color de la piel u otras características visibles, pueda adquirir cada vez más relevancia en España en los procesos de inclusión y exclusión social”, apunta el director del estudio. “En general –añade- tenemos que superar estas dicotomías (ser o ‘de aquí’ o ‘de allí’), y abrir la puerta a la complejidad y la multiplicidad de pertenencias”.

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Incidencia desigual por colectivos y géneros

El estudio también ha revelado que aunque cada vez hay más uniones y hogares mixtos, su incidencia es desigual, según la procedencia de las personas inmigradas. Así, hay colectivos más exógamos (por ejemplo, República Dominicana) y otros más endógamos (por ejemplo, Rumanía, China o Pakistán), lo cual puede explicarse por factores como la ratio por sexos dentro del grupo, el tiempo de residencia en España, el proyecto migratorio, o el nivel socio-educativo.

También se observan diferencias según el sexo: las mujeres son más exógamas que los hombres (dominicanas, ecuatorianas, rumanas, senegalesas y chinas se emparejan más con hombres españoles que los hombres inmigrantes con españolas). Aparte de los desequilibrios en las ratios por sexo, incide aquí el efecto del mercado matrimonial, que opera a distancia en un contexto de globalización.

El hecho de que más hombres españoles se emparejen con mujeres asiáticas o de Europa del Este que al revés tiene que ver con la persistencia de prejuicios y estereotipos de exotismo y mayor “docilidad”

A todo esto hay que sumar los prejuicios y estereotipos que influyen en la elección del cónyuge extranjero; por ejemplo, indican, el hecho de que más hombres españoles se emparejen con mujeres asiáticas o de Europa del Este que al revés tiene que ver con la persistencia de prejuicios y estereotipos de exotismo y mayor “docilidad” de las mujeres de estas procedencias. Algo similar ocurre con las mujeres caribeñas y la atribución de la ”hipersexualidad”.

Todo ello significa que el mestizaje contemporáneo tampoco se produce exactamente de forma horizontal, sin barreras, diferencias o jerarquías; más bien refleja la persistencia de estructuras sociales estratificadas, concluye Dan Rodríguez.

Los investigadores destacan la particularidad del caso paquistaní, con una exogamia prácticamente inexistente, especialmente entre las mujeres. En este caso influye mucho el característico patrón migratorio pakistaní, marcadamente masculino, con reagrupamiento de las mujeres ya casadas, y también factores de tipo cultural-religioso, en concreto la prescripción de la endogamia religiosa dentro del islam, que conduce también a los matrimonios arreglados transnacionales. También han observado que en las uniones con terceros países (ni el propio ni España) hay una tendencia a la preferencia por países geográficamente próximos; por ejemplo entre Marruecos y Argelia, Senegal y Guinea, o Ecuador y Perú.

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Un laboratorio micro sobre dinámicas sociales

Las uniones mixtas y sus descendientes constituyen una especie de laboratorio a nivel micro de las relaciones interculturales que se dan en la sociedad en general, por lo que este estudio tiene no sólo un importante valor teórico, sino también aplicado. Y en este sentido, los resultados de la investigación del Grupo INMIX, que han dado lugar ya a diversos artículos científicos en revistas de alto impacto*, permiten comprender y anticipar dinámicas de inclusión/exclusión y de transformación social del país y diseñar políticas para contrarrestar sus efectos negativos.

“Ahora tenemos una foto más precisa sobre la integración social de las uniones mixtas en nuestro país, y en un futuro próximo profundizaremos aún más en el estudio de los hijos de estas familias, ya que las nuevas generaciones tienen una importancia particular, pues desarrollan nuevas identidades, prácticas y formas de convivir e interactuar con la diferencia”, señala Dan Rodríguez. “Pero a nivel institucional es innegable la necesidad de actuaciones que favorezcan una mayor convivencia en la diversidad y cohesión social. Y esto pasa por incidir en diversos ámbitos, entre los que destaca el educativo, con iniciativas que fomenten la sensibilización y la lucha contra la discriminación racial, étnica o cultural, y a la vez pongan en valor el bagaje étnico-cultural múltiple y mixto”.

Las uniones mixtas y sus descendientes constituyen una especie de laboratorio a nivel micro de las relaciones interculturales

Otro ámbito de actuación, apunta el investigador, sería el legal, en el que considera necesario disponer de un marco legislativo menos intrusivo sobre la formación de parejas mixtas, su reagrupación familiar y movilidad transnacional. “Lo que ha ocurrido en los últimos años en España, y en todo el mundo, es una restricción y criminalización de este tipo de uniones. Hay que conseguir, por tanto, un mayor equilibrio entre el control de los matrimonios mixtos fraudulentos o ‘de conveniencia’ -que suelen implicar la explotación de personas-, y el derecho fundamental a la libertad de unión, así como la no criminalización de uniones legítimas por una ‘vigilancia de la intimidad’ cada vez más presente en nuestro día a día”.

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Estudio con más de 100 de parejas y medio centenar de hijos

El estudio realizado por los investigadores de la UAB ha aplicado una pionera aproximación multi-método, con explotación de datos censales y trabajo de campo etnográfico intensivo que ha incluido la realización de observación participante, grupos focales, entrevistas semi-estructuradas y un cuestionario de redes personales.

El análisis cualitativo se ha llevado a cabo sobre casi 100 parejas (matrimonios y parejas de hecho) mixtas y endógamas residentes en Cataluña de siete colectivos inmigrados (Rumanía, Marruecos, Senegal, República Dominicana, Ecuador, Pakistán y China), en función de la incidencia de uniones mixtas en cada colectivo y de su representatividad sobre el conjunto de población.

El estudio realizado por los investigadores de la UAB ha aplicado una pionera aproximación multi-método

Asimismo se han realizado alrededor de 50 entrevistas a hijos/as adolescentes y jóvenes (de entre 13 y 33 años de edad) de parejas mixtas y endógamas, cuyos padres y/o madres proceden de una gran variedad de países: República Dominicana, Colombia, Brasil, Martinica, Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Francia, Italia, Suiza, China, Paquistán, India, Taiwán, Marruecos, Senegal, Kenia, Mozambique y Ruanda.

El estudio cualitativo destaca por su gran profundidad: se han analizado las diferentes dimensiones de la integración (económica, política, social y cultural) en relación con la mixticidad, estudiando aspectos como las prácticas de la vida cotidiana, las relaciones intergeneracionales, la estructura de las redes personales, la participación política, el capital cultural, la identidad y los prejuicios, estereotipos y procesos de discriminación social hacia las parejas mixtas y sus descendientes.

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“Mixticidad”, un concepto para la transformación social

La investigación realizada supone también un avance a nivel teórico y terminológico, alejándose de la noción clásica de “mestizaje”, más vinculado al pasado colonial, para hablar de “mixticidad”. Este término, adaptado del francés mixité y del inglés mixedness, usados ya ampliamente en la literatura científica, trata las uniones y familias mixtas en todas sus dimensiones; va más allá del fenómeno demográfico, para centrarse en los procesos sociales contemporáneos implicados y en su análisis como un espacio activo de contestación y transformación social.

La investigación ha sido realizada a través de los proyectos “Inmigración y uniones mixtas: etnicidad e integración social” y “E pluribus unum: inmigración, mestizaje y cohesión social”, financiados, respectivamente, por el extinto Ministerio de Ciencia e Innovación y la UAB.

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*Artículos:

Rodríguez-García, D., Solana, M., Lubbers, M. (2016) Preference and Prejudice: Does Intermarriage Erode Negative Ethno-racial Attitudes Between Groups in Spain?. Ethnicities, 16 (4).

Rodríguez-García, D. (2015) The Mash of Cultures: Integration and Mixedness. Social Science Space, Dec. 14, 2015.

Rodríguez-García, D. (2015) Introduction: Intermarriage and Integration Revisited: International Experiences and Cross-disciplinary Approaches (Guest Editor). The ANNALS of the American Academy of Political and Social Science, 662 (1): 8-36.

Rodríguez-García, D., Lubbers, M., Solana, M., Miguel-Luken, V. de (2015) Contesting the Nexus Between Intermarriage and Integration: Findings from a Multidimensional Study in Spain. The ANNALS of the American Academy of Political and Social Science, 662 (1): 223-245.

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