Uno de cada cinco alumnos está sin diagnóstico ni tratamiento

Uno de cada cinco alumnos en edades comprendidas de los seis a los 16 años padece un trastorno del neurodesarrollo / Pixabay

Miquel Casas: «Tenemos más de 120.000 alumnos que en estos momentos tienen problemas»

 

Uno de cada cinco alumnos en edades comprendidas de los seis a los 16 años padece un trastorno del neurodesarrollo. Uno de los más conocidos es el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), pero también existen otros que se engloban dentro del grupo de trastornos del aprendizaje (como la dislexia, la discalculia, la disgrafía o los trastornos de la comunicación). Su diagnóstico y tratamiento sigue siendo una asignatura pendiente en nuestro país.

 

Eva Serra / Catalunya Vanguardista

Dr. Miquel Casas, catedrático emérito de Psiquiatría de la UAB y director del programa “SJD MIND Escoles”

El extenso currículum y trayectoria del doctor Miquel Casas está, en estos momentos y desde el año 2011, centrado en el proyecto de Investigación “Trastornos del Neurodesarrollo, Fracaso Escolar y Alteraciones de Conducta en Alumnos de Educación Primaria, ESO, Bachillerato y Ciclos Formativos”, llevado a cabo durante los diez primeros años por el Servicio de Psquiatría del Hospital de Vall d’Hebron y que ahora gestiona el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona.

Su objetivo principal es delimitar la relevancia de los Trastornos del Neurodesarrollo en el bajo rendimiento, el fracaso escolar y las alteraciones de conducta en una población de alumnos de entre seis a 18 años que no logran las competencias específicas. El doctor Miquel Casas, lidera este proyecto como director del programa “SJD MIND Escoles” sobre Rendimiento Escolar y Académico. Instituto MIND, Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona y Catedrático de Psiquiatría Emérito de la Universitat Autònoma de Barcelona.

Ha sido Catedràtico de Psiquiatría de la UAB (1996-2020), Jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona (2000-2016) y director de la Unidad de Conductas Adictivas del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona (1985- 2000). Director del Programa Corporativo “Trastornos del Neuropsicodesarrollo y del Aprendizaje a lo Largo del Ciclo Vital” del Institut Català de la Salut (ICS) (2016-2020), es también presidente de la Sociedad Española de Patología Dual, desde 2016 hasta la actualidad y Académico Honorifico de la “Reial Acadèmia de Medicina” de la Comunitat Valenciana en 2016. Director Científico del Programa PAIMM-PAIME, para Médicos Enfermos, de la Clínica Galatea. Colegio Oficial de Médicos de Barcelona, desde 1998 hasta la actualidad.

 

¿Cómo se detecta un trastorno del aprendizaje?

Normalmente los niños presentan dificultades relacionales, primero con los padres cuando son muy pequeños y después cuando están en el colegio

Normalmente los niños presentan dificultades relacionales, primero con los padres cuando son muy pequeños y después cuando están en el colegio, los profesores son los que detectan unas pautas de conducta que se apartan de la norma. Claro que “la norma” de hoy no es la misma que la que era en otras épocas, pero para guiarnos utilizamos este concepto. Tras ello estarían el bajo rendimiento y el fracaso escolar. Se trata de un conjunto de indicadores.

¿Cuántos tipos de trastornos existen?

Se han agrupado en torno a los llamados trastornos del neurodesarrollo, que es una especie de cajón de sastre que comprende desde el autismo hasta los trastornos de la comunicación pasando por la discapacidad intelectual. Todo ello en diferentes grados de levedad o severidad con una escala de grises que pasa por el TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) y todo el conjunto de trastornos del aprendizaje: dislexia, discalculia, disgrafía, etc. y acabando en los trastornos de la comunicación. Fuera de los trastornos del neurodesarrollo están los trastornos de conducta y los del lenguaje.

Sobre el TDAH existen muchas opiniones, algunos niegan que se trate de una verdadera patología 

El TDAH es un diagnóstico médico psicológico-psiquiátrico que existe. Es cierto que hay grupos de profesionales u orientaciones religiosas que niegan su existencia

El TDAH es un diagnóstico médico psicológico-psiquiátrico que existe. Es cierto que hay grupos de profesionales u orientaciones religiosas que niegan su existencia. Pero la realidad es que afecta entre un 5 % y 7 % de la población infanto-juvenil, independientemente del nivel sociocultural, socio-religioso o socio-económico. Este trastorno se ha medido en todos los países desarrollados, aunque en el nuestro está infra diagnosticado. Somos uno de los países de Europa que menos diagnosticamos y que menos tratamos el TDAH, muy por debajo de los países nórdicos. Pero es muy difícil convencer a quienes no quieren verlo.

Dentro de los trastornos del neurodesarrollo ¿qué causas pesan más, las genéticas o las ambientales?

Mayoritariamente estos trastornos tienen una base genética, pero hoy la genética se entiende como epigenética, que la relaciona con el factor ambiental. Lo que podemos asegurar es que si no hay una predisposición genética no se dan este tipo de trastornos. No nos equivoquemos: el entorno por sí mismo no genera estos trastornos. ¿Qué el factor ambiental juega un papel, por ejemplo, en el TDAH? Pues sí, las mujeres que en sus tres primeros meses de gestación fuman o consumen demasiado alcohol pueden tener mayor prevalencia a la hora de tener un hijo con TDAH, también si presentan un déficit de vitamina D, etc., pero es solo en el momento de la gestación, no por tener unos padres nerviosos. Lo que más determina es la carga genética.

En términos educativos, ¿cómo influyen estos trastornos en el rendimiento académico?

La mayoría de niños y niñas que tienen trastornos del neurodesarrollo presentan un bajo rendimiento académico. Tienen problemas a la hora de captar la información que se da en las clases o bien tienen dificultad para integrar o expresar esos conocimientos. Por ello, sufren bastante en su escolarización; muchas veces también son objeto de bullying por parte de sus compañeros y en su casa después tienen que soportar que continuamente se les pregunte por qué no tienen buen rendimiento escolar, considerándolos “gandules” o “poco motivados”. Eso les produce una especie de maltrato que van asumiendo. El individuo se va sintiendo aislado, marginado, su autoestima disminuye, comienza con cuadros ansiosos y depresivos cuando ha de ir a la escuela… y al final acaba juntándose con los que son como él o ella. Como hay muchos, pues afecta a un 20 % de la población escolar, al final comienzan juntos procesos de marginación. Al llegar a los 14 -15 años se le suma habitualmente el consumo de cannabis y alcohol, embarazos indeseados, accidentes de tránsito, maltrato y/o dificultades laborales cuando son más mayores.

¿Cómo deben actuar los docentes ante sospechas de un alumno con estos déficits?

Los maestros y profesores han de ser receptivos, conocer que estos problemas existen y solicitar que sean atendidos en los centros infanto-juveniles correspondientes

Los maestros y profesores han de ser receptivos, conocer que estos problemas existen y solicitar que sean atendidos en los centros infanto-juveniles correspondientes para su posterior cribaje y diagnóstico. Lo que no se puede pedir al profesorado es que actúe fuera de sus competencias pero tampoco negar o ignorar que estos problemas se dan en las aulas. En las facultades de Magisterio no se dedica mucho tiempo a esta detección y reciben muy poca información, además que pueden encontrarse con profesores que lo niegan.

¿Qué papel juega la escuela inclusiva con este colectivo?

La escuela inclusiva de los países nórdicos (Finlandia, Suecia) funciona relativamente bien. Se puede hacer mejor o peor. No se trata de colocar a todos los alumnos juntos y que el maestro tenga que lidiar con niños o jóvenes que presentan problemas. Si la escuela inclusiva detecta estos problemas y tiene la capacidad de contar con los profesionales adecuados: psicólogos, psiquiatras, logopedas, foniatras, podrán contar con una cobertura diagnóstica y un tratamiento mientras estén escolarizados. Lo importante es actuar, cuanto antes mejor y que no se niegue el diagnóstico ni el tratamiento.

Una vez detectados, ¿cubre la Seguridad Social estos diagnósticos y tratamientos?

Por lo que se refiere al TDAH, sí. Las familias pueden acudir a su centro infanto-juvenil a solicitar ayuda, otra cuestión es que cuando lleguen allí les digan si creen o no en el TDAH, que también ocurre, pero en principio su abordaje está contemplado dentro de nuestra cartera de servicios de la Seguridad Social. Los trastornos del aprendizaje, no. Las dislexias, discalculias, disgrafías, trastornos de comunicación no están cubiertos.

Un problema para familias con pocos recursos. ¿Qué dicen los respectivos responsables al respecto?

Hay psicólogos y psiquiatras que dicen que estos problemas no existen, así que faltan ideas claras para tomar decisiones políticas. Esto es como si en la actual pandemia, una parte de los profesionales de la sanidad negara su existencia

Te escuchan y te dejan trabajar. El político lo tiene difícil para decidir sobre esto. Primero porque hay psicólogos y psiquiatras que dicen que estos problemas no existen, así que faltan ideas claras para tomar decisiones políticas. Esto es como si en la actual pandemia, una parte de los profesionales de la sanidad negara su existencia. En segundo lugar, vamos tan atrasados respecto al abordaje de esta problemática que el político se asusta. Pensemos que la Generalitat afirma que hay un 17% de fracaso escolar sobre 800.000 alumnos aproximadamente escolarizados de Primaria y ESO. Sin contar el Bachillerato ni los ciclos profesionales, tenemos, pues, más de 120.000 alumnos que en estos momentos tienen problemas. Acabarán sin tener la ESO.

¿Qué hacer ante este panorama?

La única solución que nosotros proponemos es que, una vez finalizada la pandemia, cada año y en cada primer ciclo de primaria (de 6 a 7 años) se debería hacer un cribaje, un diagnóstico y un tratamiento de estos niños. Igual que se hace cuando presentan pies planos o necesitan gafas. Proponemos que esto entre el “programa de niño sano”, donde intervienen pediatras, psicólogos, y cuando sea necesario, psiquiatras. Antes de los seis años es muy difícil porque no hay buenos instrumentos diagnósticos. No esperemos a que el niño o la niña maduren porque tendremos problemas. El tratamiento no tiene porqué ser siempre con medicación, solo cuando sea necesario. Se puede empezar con tratamiento psicológico cognitivo-conductual. Intervenciones rápidas y cortas, asesoramiento a padres, maestros y profesores, etc.

¿Con qué partidas presupuestarias?

Deberían intervenir varios departamentos: salud, educación, servicios sociales… Ha de ser una política interdepartamental dentro de organismos ya creados.

¿Cuál ha sido la respuesta en los centros donde han implementado el estudio?

Tenemos la evidencia que la recepción es muy positiva. En todas las escuelas donde actuamos no quieren que nos marchemos y si alguna, por cualquier motivo ha tenido que salir del programa, después ha vuelto. Naturalmente hay críticos que dicen que medicalizamos una problemática que es social o familiar y que lo que hacemos es restar problemas a los profesores. Esto no es así. Son excusas de aquellos que no quieren abordar la realidad. En todos los países civilizados se afirma que existe un 20% de alumnos con estos problemas. Si no los tenemos localizados ni tratados, algo falla.

Los padres en casa han visto que esas conductas no venían del colegio / Pixabay

¿Cómo interviene el actual escenario de la pandemia en este tipo de trastornos?

Cada día están saliendo nuevos estudios sobre la influencia de la Covid-19 respecto a patologías y lógicamente, también las psicológicas y psiquiátricas. En el proceso de confinamiento, parece que han aumentado los intentos de automutilación y suicidio dentro de la población infanto- juvenil y los trastornos de la alimentación. Pero el problema viene a ser la carencia de diagnóstico y tratamiento. Los padres en casa han visto que esas conductas no venían del colegio. Es natural que en momentos de crisis la gente más vulnerable presente mayores dificultades relacionales y de conducta. Pero, en conjunto, yo no diría que la Covid-19 haya aumentado la incidencia de estos trastornos del neurodesarrollo. Lo que sí ha aumentado es la evidencia por parte de las familias de su existencia.

¿Qué nos falta en nuestro país?

Recursos y presupuestos científicos. También mayor implicación por parte de la Administración. Si un centro sanitario es el punto de referencia de una determinada escuela y sabemos que existe un 20 % de problemas del neurodesarrollo, estos centros de referencia deben cubrir esos diagnósticos. ¿Qué diríamos de un centro que no detecta los pies planos o la miopía en los niños?

 

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