Uno de los primeros «pelotazos» de la historia

El duque de Lerma, por Juan Pantoja de la Cruz (hacia 1600) / Wikimedia

Tal día como hoy… 10 de enero de 1601 tenía lugar en España uno de los primeros «pelotazos» de la historia

 

El 10 de enero de 1601 tenía lugar en España uno de los primeros «pelotazos» de la historia, y además por partida doble. Por Real Orden emitida el día anterior, la Corte del Reino de España se trasladaba de Madrid a Valladolid. Un solo individuo amasó con esta operación una de las mayores fortunas de la historia: Francisco Gómez de Sandoval-Rojas y Borja (1553-1625), duque de Lerma y valido del (desvalido) rey Felipe III de España.

 

CV / A Felipe II le pasó aquello de “quien mucho abarca, poco aprieta”. Tenía auténtica obsesión por controlarlo todo sin delegar jamás; tanto que con frecuencia acababa tomando sus decisiones cuando ya era demasiado tarde. Es conocida su obsesión, por ejemplo, de leer personalmente todos y cada uno de los informes que recibía de su poderoso, y también muy eficiente, servicio de espionaje. Pero que todo acabara dependiendo de un monarca excesivamente meticuloso y celoso de sus poderes, convertía en inútiles tales informes por aquello de la caducidad de las cosas, el panta rei heraclitiano. Y cuando algún primer ministro empezaba a tomar decisiones por su cuenta, como fue el caso de Antonio Pérez, la cosa acostumbraba a acabar mal, muy mal.

Felipe III, rey de España (1598 – 1621). / Wikimedia

Con su hijo y sucesor, Felipe III, ocurrió todo lo contrario.  Desinteresado por las tareas de gobierno, dedicó por entero su vida a la caza, de todo tipo, sin querer saber nada de política. Y delegó el poder en un valido, que fue el «ilustre» varón supracitado de nombre tan largo. La España que Felipe III heredó de Felipe II era como un deportista de élite con lesiones de gravedad que requerían cirugía inmediata, so pena de quedar fuera de la alta competición por lesiones irreversibles, y que en lugar de operarse, opta por seguir compitiendo infiltrado cincuenta años más

Sobre el duque de Lerma cabe decir que la suya fue una de las épocas más corruptas de la historia de España, y él, su campeón; lo cual no es precisamente moco de pavo. Con la cantidad de émulos que le han salido, es una auténtica injusticia histórica que a Don Francisco no se le rinda culto como santo patrón de los políticos corruptos, o como inventor de la burbuja inmobiliaria. Digamos también que ha habido en la historia gobernantes corruptos que, ello no obstante, fueron auténticos genios políticos, pero que no fue éste precisamente el caso de Lerma. Y vayamos al pelotazo, que consistió en trasladar la Corte de Madrid a Valladolid, en un fascinante viaje de ida y vuelta. Cuando decimos «la Corte» estamos refiriéndonos a lo que hoy sería más o menos homologable con la «capital» del reino, república o lo que sea.

Sobre el duque de Lerma cabe decir que la suya fue una de las épocas más corruptas de la historia de España, y él, su campeón

No tenía Lerma ninguna razón objetiva para trasladar la capital, de nuevo, de Madrid a Valladolid. Razones objetivas hubieran podido amparar acaso ponerla en Lisboa, capital oceánica donde las había y la mayor de la península, -lo cual en un imperio ultramarino como el español no hubiera carecido de lógica-, o a Sevilla…  Pero no, las razones de Lerma eran subjetivas en su variante crematística: puro y simple afán de enriquecimiento.

Lerma no perdió el tiempo. Se dedicó a comprar a precio de saldo palacios y todo tipo de edificaciones en Valladolid, abandonados en muchos casos desde que Felipe II había trasladado la Corte a Madrid, casi diez lustros antes. Luego decretó el traslado de la Corte a Valladolid, con lo cual todo el séquito de cortesanos y aristócratas que seguían la Corte como las moscas la materia fecal, tuvo que trasladarse y adquirir una residencia acorde con su rango en la nueva capital. Y allí estaba Lerma para ofrecérsela, a un precio diez o cien veces superior al que había pagado poco antes. Algunos incluso readquirieron el palacio de sus abuelos, vendido apenas un año antes por ellos mismos al comprador trocado en vendedor.

En el año 1618 la cosas empezaron a torcérsele, hasta el punto que su mano derecha, Rodrigo Calderón, fue ejecutado en una plaza pública de Madrid

La operación le salió redonda, pero el insaciable Lerma no tenía suficiente. Así que muy pronto comenzó a pergeñar la operación inversa: el regreso de la Corte a Madrid. Y vuelta a empezar. Adquirió los palacios abandonados de Madrid, comprándoselos a aquéllos que los habían dejado para trasladarse a Valladolid, siempre a precio de ganga. Y cinco años después de haberse instalado en Valladolid, en 1606, anunció el retorno a Madrid. Repitió el negocio enriqueciéndose de nuevo con creces.

En el año 1618 la cosas empezaron a torcérsele, hasta el punto que su mano derecha, Rodrigo Calderón, fue ejecutado en una plaza pública de Madrid. Pero Lerma, como chorizo ducho, supo ponerse a buen recaudo. Solicitó el capelo cardenalicio al papa, que se lo concedió, quedando exento de tener que rendir cuentas. Por Madrid circuló la siguiente coplilla dedicada al nuevo y flamante cardenal:

“Para no morir ahorcado, el mayor ladrón de España, se viste de colorado”.

Y mientras tanto en España, de tanto pelotazo, la burbuja acabó reventando.

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