USS Maine (ACR-1)

El USS Maine entrando en el Puerto de la Habana donde explotaría tres semanas después. A la derecha, el Castillo del Morro. / Wikimedia

Tal día como hoy… 26 de enero de 1898 entraba en el puerto de La Habana el ‘USS Maine’

 

El 26 de enero de 1898 entraba en el puerto de La Habana (Cuba) el buque de guerra norteamericano ‘USS Maine (ACR-1)’. La tensión entre España y los Estados Unidos estaba en su punto álgido, y el Maine arribó sin avisar previamente de su llegada, lo cual era contrario a los usos diplomáticos habituales. 

 

CV / Tres semanas después, una misteriosa explosión mientras estaba atracado provocó su hundimiento. Los EEUU acusaron a España de sabotaje y le declararon la guerra.

Tres semanas después, una misteriosa explosión mientras estaba atracado provocó su hundimiento. Los EEUU acusaron a España de sabotaje y le declararon la guerra

En la Conferencia de Berlín de 1884, las grandes potencias habían procedido al reparto de sus respectivas esferas de influencia coloniales para evitar entrar en guerra entre ellas. Ni España ni los Estados Unidos habían participado en ella. Ambas eran potencias de segundo orden, pero con trayectorias muy distintas. España era una antigua potencia colonial en decadencia y sin relevancia internacional, que conservaba solo unos pocos retazos de su antiguo imperio, limitado a Cuba, Puerto Rico, en el Caribe, y las islas Filipinas en el Pacífico, además de algunos archipiélagos de menor importancia.

Los EEUU, por el contrario, eran una potencia emergente, con una economía extraordinariamente pujante, y sin colonias, pero con ganas de tenerlas.  Su expansión territorial a lo largo del siglo XIX se había centrado fundamentalmente  en la ampliación y consolidación de sus fronteras hasta el Pacífico. Pero en 1898, aspiraban ya a mucho más. Sus intereses expansionistas se proyectaban sobre el Caribe y el Pacífico, precisamente sobre las últimas colonias españolas.

Desde mucho tiempo antes, y en aplicación de su doctrina del destino manifiesto, los norteamericanos habían estado proporcionando abundante apoyo a los rebeldes cubanos y filipinos en su guerra contra España, a la que consideraban un país atrasado, analfabeto y decadente. La tensión había ido en aumento, alentando la animosidad hacia España a través de los grandes medios de prensa, con historias tanto reales como inventadas.

Las visitas oficiales de barcos de guerra a puertos extranjeros no eran algo raro, pero se realizaban siempre dentro de los estrictos protocolos diplomáticos. Y la llegada del ‘Maine’, saltándoselos todos, era una provocación que no auguraba nada bueno. Se trataba de un acorazado pre-dreadnought que, si bien botado en 1889, era por entonces ya obsoleto.

Oficialmente, el objeto de la «visita» era la protección de los intereses y de los ciudadanos norteamericanos en Cuba ante la evidente inestabilidad política y bélica de la isla

Oficialmente, el objeto de la «visita» era la protección de los intereses y de los ciudadanos norteamericanos en Cuba ante la evidente inestabilidad política y bélica de la isla. Contaba con una tripulación de 355 hombres: 26 oficiales, 290 marinos y 39 infantes de marina.

A las 21:40h del 15 de febrero, una explosión que iluminó toda la ciudad de La Habana hizo saltar al ‘Maine’ en mil pedazos, provocando su hundimiento en pleno puerto y matando a 261 tripulantes, la práctica totalidad de los que en aquellos momentos estaban a bordo.

Rápidamente, los grandes medios de comunicación estadounidenses, muy especialmente los controlados por William Randolph Hearst y Joseph Pulitzer –encabezados por sus periódicos insignia, el ‘New York Journal’ y el ‘New York World’, respectivamente- se aprestaron a acusar a las autoridades españolas de sabotaje, exigiendo un desquite inmediato y expeditivo. Eso sí, en privado, el propio Pulitzer admitía que nadie que no estuviera loco de remate podía creer que España había decidido destruir el ‘Maine’. Pero la fabricación de noticias se extendió como reguero de pólvora.

Con la población norteamericana predispuesta a la guerra, el presidente William Mckinley vio llegado el momento de declararle la guerra a España

William Randolph Hearst ofreció 50.000$ de recompensa a quien encontrara a los culpables españoles del sabotaje… En España, con la prensa también lanzada a una campaña anti-yankee, tampoco faltaban los periodistas sensacionalistas –versión en su época de los actuales «tertulianos»- que creían llegado el momento de darle un escarmiento a los insolentes Estados Unidos… ni los políticos y generales de salón que los secundaron. Y con la población norteamericana predispuesta a la guerra, el presidente William Mckinley vio llegado el momento de declararle la guerra a España. Lo hizo el 25 de abril.

Qué provocó la explosión del ‘Maine’ ha sido objeto de todo tipo de especulaciones. En 1999 –casi un siglo después-, National Geographic realizó una investigación con simulaciones por ordenador, determinando que la deflagración se originó al estallar los almacenes de munición. Pero lo que no se aclaró del todo fue qué, o quién, la provocó. La sospecha de una operación con falsa bandera, es decir, un autosabotaje, sigue siendo una hipótesis a considerar.

Curiosamente, con carácter previo a la explosión del ‘Maine’, los EEUU habían desplazado a Hong Kong el grueso de su flota del Pacífico, o sea, muy cerca de las Filipinas, sobre las que cayeron de inmediato nada más declararse la guerra… Lo que sí está claro es que el hundimiento del ‘Maine’ les vino muy bien a algunos…

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