Vísperas sicilianas

Las Vísperas sicilianas (1846), de Francesco Hayez / Wikimedia

Tal día como hoy… 30 de marzo de 1282 tuvieron lugar las Vísperas Sicilianas

 

El 30 de marzo de 1282, mientras desde los campanarios se llamaba a vísperas a los fieles, la población de Palermo (Sicilia) se sublevó contra los franceses, mataron a toda la guarnición y se organizó una revuelta contra la dinastía de Anjou que acabó con su expulsión de la isla y la coronación como rey de Sicilia de Pedro III de Aragón (1240-1285). Se conoce con el nombre de «Vísperas Sicilianas».

 

CV / La cosa venía de lejos y está relacionada con las eternas guerras entre güelfos y gibelinos que sacudieron Italia durante buena parte de la Baja Edad Media. Sicilia estuvo ocupada un tiempo por los musulmanes, que fueron a su vez expulsados por los normandos. Éstos, acabaron finalmente en la órbita del Sacro Imperio Romano Germánico, viviendo Sicilia sus máximos días de esplendor durante el reinado del emperador Federico II, de la dinastía imperial de los Hohenstauffen, que estableció su corte en Palermo. Dentro de la pugna entre el emperador y el papa, éste se alió con Francia, concretamente con Carlos de Anjou, tío del rey francés y el señor feudal más poderoso de Francia.

Pedro III de Aragón llega a Sicilia en las famosas “Vísperas Sicilianas” para acabar con el ejército francés de Carlos de Anjou. Sicilia pasaría a ser un reino más de la Corona de Aragón. / Wikimedia

El último rey Hohenstaufen de Sicilia, Manfredo, fue derrotado y muerto por los angevinos, sus hijos asesinados por orden del papa y de los franceses, y Carlos de Anjou (1227-1285) fue proclamado rey de Sicilia por el papa Martín IV  –francés él mismo-. El reino, concretamente, abarcaba la isla de Sicilia y el sur de la península italiana, hasta poco más al norte de Nápoles. Pero la mayor parte de la nobleza siciliana era gibelina –partidarios del emperador-, y detestaban a los franceses –güelfos-.

La revuelta de las Vísperas Sicilianas en Palermo pronto se extendió al resto al resto de poblaciones y consiguió desalojar en poco tiempo a los partidarios de Carlos de Anjou de la isla. Pero entonces surgió un problema: los miembros de la dinastía Hohenstaufen habían sido todos asesinados, de modo que no quedaba nadie para ser proclamado rey.

Bueno, sí quedaba alguien, una hija del rey Manfredo, Constanza de Hoghenstaufen, casada desde 1276 con el rey de Aragón, Pedro III. La Corona de Aragón comprendía desde su formación los actuales territorios de lo que hoy son Aragón y Cataluña. Durante el reinado de Jaime I había completado su expansión peninsular –de acuerdo con los pactos establecidos con Castilla- con la incorporación de los reinos moros de Mallorca y Valencia. Sin posibilidades de conquistar nuevos territorios en la península, Pedro III planeaba algún tipo de expansión que favoreciera el comercio catalán y valenciano en el Mediterráneo.

Las Vísperas Sicilianas le vinieron como anillo al dedo, y nunca mejor dicho, porque fue por su matrimonio con Constanza que, cuando los sicilianos se acordaron de una Hohenstaufen viva, se aprestaron a ofrecerle la corona de Sicilia a Pedro III de Aragón, su marido. La oferta era tentadora, y el rey Pedro la aceptó sin dudar, pero había un pequeño problema: implicaba la guerra con el reino más poderoso del Mediterráneo occidental, Francia, y con los Estados Pontificios.

La flota catalano-aragonesa estaba comandada por uno de los mejores almirantes que dio la Edad Media, Roger de Lauria, un calabrés que había llegado a Barcelona

En realidad, todo indica que Pedro III había llegado previamente a un acuerdo con los nobles sicilianos, ya que su armada estaba en Túnez –teóricamente para «fortalecer» el vasallaje de su rey a Aragón, pero en realidad esperando el momento para desembarcar en Sicilia. La flota catalano-aragonesa estaba comandada por uno de los mejores almirantes que dio la Edad Media, Roger de Lauria, un calabrés que había llegado a Barcelona con el séquito de Constanza. Y su ejército estaba compuesto por los llamados «almogávares», soldados de fortuna que constituían una temible infantería ligera compuesta básicamente por montañeses catalanes y aragoneses, pero también con mercenarios provenientes de otros lugares de la península. Un equivalente hispano de los routiers franceses. Y tener tropas desocupadas era un problema en la Edad Media, había que darles trabajo. Y Pedro III se lo dio.

En pocas semanas, los almogávares se hicieron con Sicilia y Roger de Lauria hundió a la flota francesa. Luego vino su excomunión –riesgo seguro, si uno se metía con el papa-, y su destitución por el papa, que declaró vacante la Corona de Aragón y se la ofreció a un hijo del rey de Francia, Carlos de Valois. Los franceses invadieron Cataluña y pusieron sitio a la ciudad de Gerona. También consiguió derrotarlos Pedro III, y Roger de Lauria hundió de nuevo la flota francesa. El propio rey de Francia, Felipe III, murió en la retirada del ejército francés.

Los tres grandes enemigos, Pedro III, Carlos de Anjou y el papa Martín IV murieron todos ellos en 1285, con pocas semanas de diferencia

Digamos como anécdota que en un momento dado se acordó que, bajo los auspicios del rey de Inglaterra, Pedro III y Carlos de Anjou resolvieran sus diferencias en una justa caballeresca, acompañados cada uno de ellos por cien de sus caballeros. El duelo iba a tener lugar en Burdeos –Aquitana era inglesa por entonces-, pero Carlos de Anjou no debía verlo muy claro y le preparó una trampa al rey aragonés para prenderlo cuando acudiera. Advertido Pedro, se presentó en el campo del honor de incógnito disfrazado de palafrenero, entró en la tienda que se le había reservado y firmó con su sello real, acreditando que había acudido, largándose inmediatamente después. De modo que, según los códigos medievales de la época, venció por incomparecencia del contrario sin comparecer en el campo él mismo.

Los tres grandes enemigos, Pedro III, Carlos de Anjou y el papa Martín IV murieron todos ellos en 1285, con pocas semanas de diferencia. La toma de Sicilia marcó el inicio de la expansión mediterránea de la Corona de Aragón.

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