Voltaire

Retrato de Voltaire en 1718, por Nicolas de Largillière. / Wikimedia

Tal día como hoy… 30 de mayo de 1778 fallecía Voltaire

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El 30 de mayo de 1778 fallecía en París François-Marie Arouet, más conocido por «Voltaire». Pensador, abogado, historiador, enciclopedista y uno de los más eximios representantes de la Ilustración francesa. Ha pasado a la historia por la mordacidad de las críticas a sus rivales y todavía el pensamiento católico lo considera uno de sus más acérrimos enemigos, denominándole peyorativamente el «pérfido» Voltaire.

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CV / El Renacimiento de los siglos XV y XVI, y la Revolución científica del XVIII abrieron unos horizontes de conocimiento que hasta entonces se habían considerado inaccesibles al ser humano y se llegó a creer que sería posible –muy probablemente en breve- la realización como especie del ideal renacentista del «sabio». Este era en realidad el ideal de la Enciclopedia: el almacenaje de todo el conocimiento en disciplinas acabadas. Un empeño que, no por imposible, es menos admirable a la vez que impulsor del progreso; el «progreso», otra noción típicamente ilustrada que hubiera resultado incomprensible para un medieval: la consideración que la historia de la humanidad es la crónica del avance en el conocimiento que permite un dominio cada vez mayor sobre el medio, sobre la naturaleza, con el consiguiente correlato de que siempre la época presente está en mejor posición que cualquiera pretérita, y lo mismo cualquier generación presente sobre cualquiera anterior.

Se educó el selecto colegio de los jesuitas Louis-le-Grand, donde además de una sólida formación, trabó conocimiento con compañeros de clase que fueron futuros ministros de Luis XV

François-Marie Arouet había nacido en París el 21 de noviembre de 1694 en París, hijo de un notario y de una aristócrata. Se educó el selecto colegio de los jesuitas Louis-le-Grand, donde además de una sólida formación, trabó conocimiento con compañeros de clase que fueron futuros ministros de Luis XV. Lugo estudió Derecho y, de la mano de su padrino, el abate de Châteauneuf, entró en la Sociedad del Temple, una comunidad libertina asociada a la masonería.

En 1713 consiguió el cargo de secretario de la embajada francesa en La Haya, pero fue despedido al poco tiempo al hacerse notoria su relación con una exiliada, Catherine Olympe Dunoyer. Escribió entonces una acerada sátira contra el duque de Orleans, regente de Francia y su hija la duquesa de Berry, que no debió gustar mucho a sus destinatarios, porque fue condenado a un año de prisión en la Bastilla. A partir de entonces adoptó el seudónimo Voltaire.

Pronto tuvo un nuevo percance. Inició una relación con una dama que era la amante de un noble, el cual mandó a un grupo de matones para que le dieran una paliza. Voltaire supo salir del paso y retó al noble a duelo, a lo que el cornudo aristócrata se negó alegando la diferencia de clase social. La misma diferencia de que se sirvió para mover sus influencias y mandar al joven Voltaire de nuevo a La Bastilla durante cinco meses, tras los cuales fue desterrado a Inglaterra.

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Asiduo a las tertulias ilustradas y crítico mordaz

A su vuelta a Francia, se dedicó a difundir el pensamiento de Newton, que entendió solo a medias, y la «filosofía» de Locke, que consideraba asociada a la ciencia newtoniana; una demostración palmaria de que no acabó de entender a Newton, algo de lo cual le convenció años después una de sus amantes, la genial matemática Mme. de Châtelet. Fue asiduo a las tertulias ilustradas y a los banquetes organizados por Mme. D’Holbach, esposa del enciclopedista, conociendo a Diderot, D’Alambert…Y a Rousseau, cuya naturaleza atrabiliaria le vino como anillo al dedo para convertirlo en blanco de sus mofas –por cierto, con todo merecimiento-. Otro de sus objetos de mofa fue Leibniz, al cual parodió como el Dr. Pangloss de su ‘Cándido o el optimismo’. Residió también un tiempo en la corte de Federico el Grande de Prusia, el rey filósofo.

Voltaire en su despacho / Wikimedia

Pese a sus indudables errores, es precisamente su impetuosidad, verbal e intelectual, la que le convirtió en un acerado crítico y un autor perspicaz, mucho más capaz de detectar los errores ajenos que los propios. Ocurrente incluso en sus más sonados gazapos: contrario a la teoría de los desplazamientos continentales que por entonces empezaba a considerarse, apuntó que la presencia de conchas en las cimas pirenaicas era algo tan simple que a nadie se la había ocurrido antes: las conchas arrojadas por los peregrinos…

Sus mordaces críticas siempre se quedaban, en cualquier caso, en la palabra escrita: era un firme convencido de la tolerancia como talante, y contrario al fanatismo y al dogmatismo. Criticó con gran fuerza el poder y la influencia de la Iglesia y la religión, que denunció como una fábula ideada para mantener dóciles a los ignorantes. Se cuenta que hallándose en cierta ocasión de sobremesa en un restaurante con un amigo hablando sobre la imposibilidad de la existencia de Dios, y dado el amigo a elevar la voz –acaso como resultado de los vapores etílicos-, Voltaire le interrumpió de improviso espetándole: “No grites tanto ¡ay de nosotros si el camarero se entera de que Dios no existe!”.

Voltaire falleció en París a los 84 años de edad. Desde 1794, sus restos reposan en el Panteón.

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También un 30 de mayo se cumplen estas otras efemérides

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