William Walker

William Walker / Wikimedia

Tal día como hoy… 12 de septiembre de 1860 William Walker era fusilado

 

El 12 de septiembre de 1860 era fusilado en Trujillo (Honduras) el aventurero y esclavista norteamericano William Walker. A lo largo de su vida llegó a proclamarse presidente de la República de Baja California, de Sonora, de Nicaragua, de Costa Rica… Países, todos ellos, en los que intervino por cuenta propia, según sus propias palabras, para aplicar el Destino Manifiesto estadounidense a los países americanos «mestizos». Fue el último de los llamados «filibusteros» del siglo XIX.

 

CV / El caso de los filibusteros del siglo XIX es poco conocido, pero realmente interesante. Tras obtener la independencia de la Corona española en el primer cuarto del siglo XIX, la mayoría de países centroamericanos se vieron envueltos en guerras civiles, resultado de la pugna de distintos sectores para alcanzar el poder, con gobiernos débiles, corruptos y tiránicos.

La biografía de William Walker es ciertamente novelesca. Parece, la verdad, un personaje de Conrad. En su vida se mezclan la aventura, el rigorismo puritano, la ambición

Es en este contexto que entraron en juego los «filibusteros», aventureros extranjeros que, por cuenta propia o sibilinamente avalados por sus países, organizaban sus milicias invadiendo territorios y erigiéndose como caudillos locales de repúblicas fundadas por ellos mismos. Personajes siempre turbios envueltos en un halo de aventureros que llegaron a reivindicar para sí funciones mesiánicas más o menos grotescas, pero no por ello igualmente siniestras. Entre los más famosos citaríamos a Gaston de Raousset-Boulbon, a Henry A. Crabb y, sin duda alguna, a William Walker.

La biografía de William Walker es ciertamente novelesca. Parece, la verdad, un personaje de Conrad. En su vida se mezclan la aventura, el rigorismo puritano, la ambición. Y un supremacismo propio de la versión más dura y racista del «Destino Manifiesto» norteamericano. Nació en Nashville (Tennessee, USA)  en 1824, y a lo largo de su vida fue médico, abogado, político, empresario, aventurero, negrero, jefe de mercenarios y autoproclamado presidente de varias repúblicas. Era hijo de un banquero escocés que lo educó en el rigorismo puritano. Estudió primero medicina, licenciándose por la Universidad de Pensilvania en 1843. Se trasladó luego un tiempo a París para ampliar sus estudios, pero regresó pronto porque consideró París una ciudad corrupta y disoluta.

Como tantos otros, se trasladó pronto a la «tierra de las oportunidades», California, donde decidió dedicarse a la política

A su vuelta a los EEUU decidió estudiar Derecho y ejerció como abogado en Nueva Orleans. Como tantos otros, se trasladó pronto a la «tierra de las oportunidades», California, donde decidió dedicarse a la política. Fue multado y encarcelado por insultar a jueces que consideraba demasiado tibios con los delincuentes. En 1853 se trasladó a Sonora (México) para explotar minas de plata, pero al no obtener la licencia del gobierno, regresó a los EEUU, contrató un cuerpo privado militar entre los vagabundos del puerto de San Francisco, y regresó a Sonora dispuesto a conquistar su propio «reino», con la intención de anexarla luego a los EEUU. Para Walker, adscrito al sector más «duro» -el del Sur- del Destino Manifiesto, los norteamericanos eran superiores a los «mestizos» y tenían no solo el derecho a colonizarlos, sino incluso el deber de hacerlo.

Sus andanzas por Baja California y Sonora le dieron cierta notoriedad en los EEUU, y le resultó fácil, tras los primeros éxitos contra las milicias locales, reclutar más mercenarios en los EEUU. En cualquier caso, nunca fueron más de unos pocos cientos, con frecuentes deserciones y fusilamientos, dada la naturaleza de tan «selecta» tropa. Perseguido por el ejército mexicano, consiguió cruzar la frontera con 34 supervivientes en mayo de 1854. En los EEUU, fue juzgado por violar las leyes federales, pero absuelto ante la gran popularidad que sus «gestas» suscitaron entre un cierto sector de la opinión pública.

Reclutó una heterogénea tropa de unos cien hombres, que incluía militares, vagabundos y delincuentes, a los que bautizó como «Los Inmortales»

Considerando que acaso México era demasiado grande para sus posibilidades, decidió probarlo de nuevo en países más pequeños, es decir, las repúblicas centroamericanas. El lugar elegido fue Nicaragua, por entonces en guerra civil, pensando aquello de «a mar revuelto, ganancia de pescadores». Reclutó una heterogénea tropa de unos cien hombres, que incluía militares, vagabundos y delincuentes, a los que bautizó como «Los Inmortales». Eso sí, llevaba consigo material y equipamiento moderno. En mayo de 1855 zarpó hacia Nicaragua.

Acabó participando como mercenario en la guerra civil nicaragüense, y la generalización del conflicto le llevó a Costa Rica y Honduras. Al final, como la mayoría de estos filibusteros que proliferaron entre 1840 y 1860, las cosas se le torcieron y acabó fusilado. Entre sus méritos figura haber unido en su contra a toda Centroamérica. Theodor Roosevelt, presidente de los EEUU entre 1901 y 1909, siempre se confesó admirador suyo.

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