¡Y dale con la memoria! (Sobre la nueva ley educativa)

La memoria se erradicó de nuestro sistema educativo hace ya treinta años con la LOGSE / Imagen: Pixabay

OPINIÓN

Carecer de memoria implica correr el riesgo de incurrir en la repetición de cosas ya dichas por otros, creyéndose uno ser el primero en proclamarlas. «Adanismo», se le llama en ocasiones a esta convicción de creerse uno el primero y el origen de algo. O también, más prosaicamente, ignorancia o tener memoria de pez.

 

Xavier Massó | Catalunya Vanguardista

Según ha afirmado recientemente la Sra. Mª Isabel Celaá, a la sazón ministra de Educación, con su nueva ley educativa se va a acabar con la rémora  de los contenidos memorísticos en los programas de estudios, algo más propio, según ella, de un siglo XX felizmente dejado atrás, que del paradisíaco siglo XXI educativo en que nos quiere introducir. Muy bien. Pero es que para hacer tal afirmación, hace falta tener muy mala memoria. Puede que se sienta orgullosa de ello, pero no deja de ser una paradoja que, criticando a la memoria, se acredite una tal desmemoria.

¿Se cree de verdad la señora Celaá pionera en su cruzada contra la memoria? ¿O piensa tal vez que sus antecesores fracasaron en tan loable empeño?

Porque la guerra contra la memoria viene de lejos. Ya el viejo Descartes manifestó su perplejidad frente a tanta gente que afirmaba ufana tener una memoria fatal, pero ser en cambio inteligente, mientras que nunca nadie reconocía ser un «tontolaba», pero con una memoria excelente. Y ni siquiera hace falta remontarse a tan antiguo para encontrar acechando a los enemigos de la memoria. Sin ir más lejos, todos los antecesores de la señora ministra en el puesto, que pergeñaron sus respectivas leyes educativas, proclamaron abiertamente que se trataba de erradicar la memorización del sistema educativo. ¿Se cree de verdad la señora Celaá pionera en su cruzada contra la memoria? ¿O piensa tal vez que sus antecesores fracasaron en tan loable empeño?

Contra la memoria despotricaron el inefable ministro Wert con su ley epónima, la LOMCE (2013), el ínclito Gabilondo con la LOE (2006), o la olvidada e irreductible del Castillo con la LOCE (2002)… Y con la bandera de la guerra a la memoria como paradigma pedagógico se presentó la madre de todas las leyes educativas que en España han sido desde entonces, la LOGSE (1990) –Maravall, Solana, Pertierra y Rubalcaba, entre otros-, de la cual todas las demás leyes han sido meros corolarios. Si a éstas les añadimos otras dos leyes educativas accesorias, pero no menos determinantes, como la LODE (1985) y la LOPEGCE (1995), tenemos siete leyes educativas en 35 años. Sin necesidad de recurrir a la calculadora, basta con un poco de memoria, las cuentas salen a una nueva ley educativa cada cinco años, que no es moco de pavo… ¿No se acuerda la Sra. Ministra?

Sin necesidad de recurrir a la calculadora, basta con un poco de memoria, las cuentas salen a una nueva ley educativa cada cinco años, que no es moco de pavo… ¿No se acuerda la Sra. Ministra?

Ninguna de estas leyes se ahorró las más furibundas invectivas contra la memoria, culpable de todos los males educativos habidos y por haber, confundiendo además de forma muy grosera la memoria mecánica con la memoria significativa, pero este sería otro tema. Y, la verdad, que ahora la ministra de descuelgue afirmando que el sistema educativo es memorístico y menos mal que viene ella a remediarlo, suena a sonsonete manido y recurrente; a mantra apolillado, más propio de las pedagogías alternativas de los años sesenta del siglo XX, que del XXI en que nos las quiere seguir vendiendo. Que después de treinta años de demolición del sistema educativo, y con los devastadores resultados obtenidos, se nos venga otra vez con la cantinela del pérfido sistema «memorístico», con pretensiones de haber descubierto la pólvora, no puede calificarse sino de bufonada.

No, señora Celaá, la memoria se erradicó de nuestro sistema educativo hace ya treinta años con la LOGSE, y las siguientes leyes fueron rematando la faena. Aunque usted no se acuerde, fue así. El problema no es la memoria, sino la desmemoria. Así que vayamos al grano: exactamente ¿qué es lo que quiere que no recordemos?

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