Zeppelines sobre Londres

Imagen: Flickr - Leonard Bentley

Tal día como hoy… 10 de mayo de 1915 la ciudad de Londres sufría el primer ataque aéreo de su historia

 

El 10 de mayo de 1915 la ciudad de Londres sufría el primer ataque aéreo de su historia. Lo llevó a cabo una escuadrilla de zeppelines alemanes que inauguró así un modelo de guerra hasta entonces inexistente, los bombardeos sobre población civil que luego se aplicaron masivamente durante la Guerra Civil Española y, a gran escala, en la II Guerra Mundial.

 

CV / La idea de la guerra desde el aire no era nueva. Muchos estados mayores la habían contemplado como hipótesis incluso antes de que H. G. Wells publicara en 1908 su novela ‘La guerra en el aire’, en la cual dirigibles alemanes atacaban Nueva York, hundiendo puentes y edificios, sembrando con sus bombas muerte y destrucción.

La tecnología no daba para tanto en aquella época; y tampoco llegó a darlo durante la I Guerra Mundial, que solo fue un ensayo. Cuando alcanzó la capacidad destructiva descrita por Wells, no fueron los zeppelines sus ejecutores, sino los aeroplanos. En este sentido, los zeppelines fueron un arma aérea efímera que muy pronto mostró sus limitaciones.

Al comenzar la Gran Guerra, Alemania disponía de varias unidades de zeppelines. La marina los utilizó inicialmente en funciones de observación en el Báltico y en el Mar del Norte

Al comenzar la Gran Guerra, Alemania disponía de varias unidades de zeppelines. La marina los utilizó inicialmente en funciones de observación en el Báltico y en el Mar del Norte, para conocer los movimientos de la flota británica, los campos de minas colocados contra los submarinos y las rutas marinas. También se había pensado en ellos como arma para contrarrestar la superioridad naval británica sobre la Kriegsmarine, mediante ataques aéreos a los buques de la Navy; algo que no pasó de la fase de meramente teórica. En tierra, durante los primeros meses de guerra se utilizaron para la observación de los movimientos de tropas en retaguardia, siendo en este aspecto un gran avance frente a los tradicionales globos cautivos.

Durante la invasión de Bélgica se utilizaron para bombardear posiciones militares enemigas, incluido un ataque a Amberes; con la generalización de la guerra de trincheras, su función primordial fue la observación. Pero a diferencia del resto de contendientes, Alemania se empeñó en darles una aplicación bélica más activa y destructiva. La posibilidad de acceder a distancias hasta entonces inimaginables de la retaguardia enemiga era toda una tentación, y los generales del Káiser soñaban con romper la tradicional invulnerabilidad que le confería a Gran Bretaña su condición insular.

La última vez que un enemigo se había acercado a Londres había sido durante el fallido intento del almirante Ruyter al remontar el estuario del Támesis en 1666

París fue bombardeado durante 1914 por los zeppelines, pero para los parisinos no era algo nuevo: los cañones prusianos habían sido mucho más destructivos en 1870. Pero con Inglaterra era distinto. La última vez que un enemigo se había acercado a Londres había sido durante el fallido intento del almirante Ruyter al remontar el estuario del Támesis en 1666. Y lo anterior era la Armada Invencible, en 1588,  que ni siquiera se acercó al Támesis y pasó de largo. Desde Guillermo el Conquistador en el siglo XI, nadie había atacado directamente suelo inglés. Y el Káiser soñaba con hacerlo.

El primer ataque aéreo directo tuvo lugar el 19 de enero de 1915 sobre Great Yarmouth, en el Mar del Norte. Lo realizaron dos zeppelines cuyos objetivos eran militares, arrojando unos  50 kg de explosivos, con tanta imprecisión que los cuatro muertos que causaron eran civiles. Tras varios intentos en otras zonas, el 10 de mayo los zeppelines sobrevolaron por primera vez Londres, y lo siguieron haciendo durante buena parte de la guerra, aunque muy pronto se vio que eran bastante ineficaces.

Los británicos adiestraron a personas invidentes con el sentido del oído más desarrollado para hacer de vigías a lo largo de la costa; parece ser que exitosamente

El procedimiento era muy simple. De noche, ascendían hasta los 10.000 pies –unos 3.000 metros-, una altitud que los incipientes aeroplanos del momento no podían alcanzar ni remotamente, y cuando llegaban al objetivo descendían para bombardearlo. Su silenciosa navegación favorecía el factor sorpresa. Aun así, los británicos adiestraron a personas invidentes –con el sentido del oído más desarrollado- para hacer de vigías a lo largo de la costa; parece ser que exitosamente.

Aunque los alemanes se empeñaron en perseverar con sus raids de zeppelines, lo cierto es que a finales de 1915 eran ya inoperativos. El vertiginoso desarrollo de los aeroplanos acabó con ellos: eran demasiado lentos –entre 20 y 30 nudos-, difíciles de maniobrar en caso de emergencia y terriblemente vulnerables a los ataques de la aviación o a los nuevos antiaéreos, su carga de hidrógeno explotaba y, simplemente, se volatilizaban.

A lo largo de la guerra, los bombardeos de zeppelines sobre Londres causaron unos 500 muertos

A lo largo de la guerra, los bombardeos de zeppelines sobre Londres causaron unos 500 muertos. Una cifra probablemente inferior a los muertos de las tripulaciones alemanas, cuyo porcentaje de bajas fue muy superior al de cualquier otro cuerpo alemán en la guerra, incluidas las tripulaciones de submarinos.

Después de la guerra, y ante el irresistible ascenso de los aviones a propulsión, los aeróstatos se utilizaron –también principalmente en Alemania- para vuelos de pasajeros a largas distancias, proponiéndolos como alternativa a los transatlánticos de lujo. Fracasaron igualmente, pero esta es otra historia…

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